Luca de Meo construyó la mayor parte de su carrera alrededor de los autos. A lo largo de su trayectoria pasó por algunas de las automotrices más importantes de Europa, lideró Renault durante cinco años y logró mejorar sus resultados millonarios antes de dar un salto que nadie se veía venir.
Quién es Luca de Meo: el ex CEO de Renault que busca rescatar a un gigante
El ejecutivo italiano dejó la industria automotriz para asumir el desafío de recuperar Kering, dueño de Gucci, tras una fuerte pérdida de valor.
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Luca de Meo dejó una extensa carrera en la industria automotriz para asumir uno de los mayores desafíos de su trayectoria.
En septiembre de 2025 asumió al frente de Kering, uno de los grandes grupos del lujo, con la misión de recuperar rentabilidad, ordenar procesos y volver a impulsar a Gucci sin sacarle eso que convierte a la marca en una verdadera casa de lujo.
De impulsar Fiat y SEAT a liderar el mercado del lujo
Antes de llegar a Kering, De Meo había desarrollado una extensa carrera dentro de la industria automotriz. Trabajó en Fiat, Volkswagen, Audi y SEAT, donde tuvo un papel importante en el desarrollo de Cupra como marca independiente. Más tarde llegó a Renault, compañía que condujo durante cinco años.
Su gestión en la automotriz francesa estuvo impulsada por una estrategia que dejó de priorizar el volumen para concentrarse en modelos más rentables, reducir estructuras y acelerar procesos. Los resultados acompañaron ese cambio, ya que durante su conducción, el valor de las acciones de Renault prácticamente se duplicó. Ese fue uno de los motivos que llevó a Kering a buscarlo para encarar una etapa de transformación mucho más profunda.
La crisis de Kering: la caída del 80% en bolsa y la urgencia por recuperar a Gucci
De Meo llegó a Kering en un momento delicado. La capitalización bursátil del grupo había pasado de €100.000 millones en 2021 a unos €20.000 millones, una pérdida de €80.000 millones. Las acciones, además, acumulaban una caída de aproximadamente 80% desde su máximo de 2021.
Ahí es donde Gucci aparece como una pieza central. La marca, principal activo del grupo, atravesaba una caída de ventas y necesitaba recuperar atractivo entre consumidores cada vez más cautelosos frente a los altos precios del sector. La compañía también inició cambios en el plano creativo, ya que Demna, quien había dirigido Balenciaga durante una década, asumió la dirección artística de Gucci en 2025 y presentó una nueva etapa estética para la firma.
Al mismo tiempo, la decisión de fabricar en China algunos modelos de zapatillas diseñados por el creativo abrió otra discusión. La medida chocó con la histórica asociación de Gucci con el Made in Italy y generó el debate entre los directivos sobre hasta que punto priorizarían reducir costos sin afectar la percepción de exclusividad.
De las automotrices a las pasarelas: la estrategia para duplicar la rentabilidad del grupo
La estrategia de De Meo busca pasar parte de la disciplina industrial que aplicó en Renault al negocio del lujo. Según el plan, Kering busca centralizar hasta el 70% de la producción, compartir procesos entre distintas marcas y reducir los tiempos de desarrollo.
El objetivo de mediano plazo es duplicar la rentabilidad del grupo. El problema es que la lógica de una automotriz no puede aplicarse así nomás al lujo. En este sector, producir más rápido o de forma más barata no necesariamente mejora el valor de una marca.
Buena parte del atractivo de las grandes casas europeas se apoya justamente en la artesanía, el origen de sus productos y la autonomía creativa de cada firma. Por eso, el desafío está en decidir qué procesos pueden compartirse sin que distintas marcas terminen funcionando como versiones de una misma estructura.
La apuesta de De Meo está ahí, reducir costos y ganar eficiencia sin convertir a Gucci y al resto de las maisons del grupo en productos estandarizados. El resultado de ese experimento va a ser clave para Kering, porque después de perder unos €80.000 millones de valor bursátil desde su pico de 2021, el grupo necesita volver a crecer.





