18 de junio 2012 - 11:28

Los Conte, una familia que respira voley

Hugo y Facundo divididos por la misma red que une sus pasiones.
Hugo y Facundo divididos por la misma red que une sus pasiones.
Tienen mucho en común: el mismo apellido (Conte), la misma altura (1.97 metros), viven en el mismo país (Italia, aunque están en distintas ciudades, a 300 kilómetros), abrazaron el mismo número en la camiseta del seleccionado argentino (el 7) pero, principalmente, están unidos por una misma pasión: el voley.

Facundo nació el 25 de agosto de 1989 y, aunque practicó otros deportes, sabía que el voley iba a formar parte de su universo. Desde la misma cuna vio saltar, bloquear y pegar a su papá Hugo (14 de abril de 1963), uno de los pilares emblemáticos de aquella magnífica selección que se quedó con el bronce en los Juegos Olímpicos de Seúl 1988. Pero también su madre, Sonia, fue jugadora y conoció a Hugo red mediante.

En la familia Conte se habla y se respira voley, a tal punto que las dos hijas del matrimonio, Camila y Manuela, también practican el deporte.

"Ni la madre ni yo influimos para que Facundo juegue al voley. Nunca quisimos hacerlo. Probó con otros deportes, hizo hasta atletismo, pero finalmente se quedó con el voleibol. Es importante que cada uno entienda su rol en la vida, porque si no es difícil" (Hugo Conte)

"Es verdad, practiqué otros deportes. Hice fútbol, natación, handball, pero el voley siempre fue el que más me atraía. A tal punto que tengo fotos con la pelota de voley desde que era bebé y a los 6 años ya practicaba en los entrenamientos con mi papá" (Facundo Conte).

A Hugo se le iluminan los ojos cuando lo ve en acción a su hijo, con quien jugó en GEBA en la temporada 2007/2008 y a quien lo entrenó en el Catania, de Italia.

"Verlo clasificar a sus primeros Juegos Olímpicos fue una emoción muy linda, muy grande. Lo veo feliz haciendo lo que le gusta y eso me da mucha satisfacción y me llena de orgullo. Para un padre eso basta y sobra", comenta Hugo.

Hugo es considerado uno de los mejores 25 jugadores de la historia del voley mundial, participó en tres Juegos Olímpicos, logrando subir al podio en uno, y además ingresó el año pasado en el salón de la fama.

Con esa mochila pesada, Facundo se tuvo que hacer camino dentro del
voley.

"Entre los 12 y los 13 años estuve a punto de dejar de jugar. Ser el hijo de Hugo Conte era cargar con una alforja demasiado pesada. Además la gente hablaba mucho y pensaba que yo jugaba porque estaba acomodado. Con el tiempo lo superé y decidí encarar mi futuro y no dejar porque realmente me gustaba jugar. Hoy soy todo lo que soy gracias a él y a todo lo que él hizo", reconoce con sinceridad Facundo.

En un diálogo entre ellos, Hugo admite que la ventaja que tuvo Facundo de haber tenido un padre jugador fue que pudo palpitar de cerca la pasión por este deporte. No sólo del padre, sino también de la madre. Pudo ver desde chico todo lo bueno que este deporte nos dio como personas".

"Con mi papá hablo muchísimo, antes y después de los partidos. Aprendí todo viéndolo a él. Tengo la ventaja de tenerlo en casa y lo aprovecho. Me ayuda muchísimo a encarar las cosas. Tanto mi papá como mi mamá están siempre detrás mío, siguiéndome en cualquier cosa que haga.

Periodista: ¿Hugo, qué consejos le da a su hijo?

H.C.: Lo principal es que se divierta y que encuentre en eso su pasión. El voley es un deporte en el que se toca una sola vez la pelota, por lo que tiene que confiar en sus compañeros. Es un tema psicológico y primordial también. Por todas las sensaciones que uno vive en una instancia como los Juegos Olímpicos, es fundamental que en este momento tan importante él se encuentre bien de la cabeza.

P.: ¿Le corrige muchas cosas de su voley?.

H.C.: No, lo dejo hacer su juego. Sí, como dijo Facundo, hablamos mucho de los partidos y si pide un consejo se lo doy, de lo contrario dejo que haga su propio camino. Mi deseo es que él escriba su propia historia y ya lo está haciendo.

P.: ¿Y a vos te molestaba que te corrigiera tu papá?

F.C.: Y... cuando uno era chico, en parte sí, pero a medida que fui creciendo me di cuenta que lo hacía por mi bien y que tenía que aprovechar toda su capacidad y experiencia.

P.: ¿Qué le gustaría copiar de su padre?

F.C.: El ya tiene una medalla olímpica. Espero algún día poder tener una también.

P. ¿Qué expectativas tienen con el seleccionado argentino para los Juegos de Londres?

H.C.: Confío plenamente en este grupo que nos va a representar. Es un equipo muy talentoso, que tiene un excelente presente y un futuro bárbaro. Van a tomar una experiencia muy importante, teniendo en cuenta que son jugadores muy jóvenes.

F.C.: Estas últimas semanas previas a los Juegos y los partidos por la Liga Mundial 2012 nos servirán de mucho para terminar de aceitar el funcionamiento del equipo y los sistemas de juego. Queremos llegar de la mejor manera y no sólo jugar, sino hacerlo bien y poner la bandera argentina bien alto.


El legado pasó de padre a hijo. Hugo es un consagrado en la selección argentina, un símbolo, un grande del voleibol mundial; Facundo sigue sus pasos y es una de las firmes promesas del combinado nacional.

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