Nadal apabulló a Ferrer y alcanzó su séptima final en Roland Garros
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Nadal se metió en su séptima final de Roland Garros.
El dominio de Nadal ante Ferrer se extendió durante una hora y 46 minutos de duelo, interrumpido durante 55 minutos por la lluvia, cuando Rafa había abierto ya una gran brecha (6-2 y 4-1).
Sobrio en el resto, inabordable con su saque, que mantuvo seguro, cediendo únicamente dos puntos de rotura, en el cuarto juego del primer set, Nadal volvió a dictar una clase magistral a Ferrer, que acudía a su primera semifinal en este torneo.
Nadal dejó puntos para el recuerdo, como el que ganó en el tercer juego del segundo set, tras devolver sentado sobre la pista un revés. Ferrer respondió después a un globo como pudo desde el fondo y envió la bola a la red, cuando Rafa ya se aprestaba a la volea.
Allí, en la red, Rafa también demostró su agilidad felina, cuando Ferrer le llevó a ese terreno para cambiar algo el partido. "Ferru" hizo lo que mejor sabe hacer, correr y variar el juego, pero el saque de Nadal, que no pierde desde el segundo set del primer partido contra el italiano Simone Bolelli, le mantuvo siempre lejos de su objetivo.
Antes, el de Manacor había solventado la primera manga con una decisión pasmosa, casi abusiva, al ceder únicamente tres de los últimos 22 puntos de ese parcial. Y eso que comenzó con un arranque desastroso, pues Ferrer ganó los primeros cinco puntos del duelo.
Ferrer se cambió tres veces de camiseta. Paso del blanco, al rosa chicle cuando perdió el primer set, y volvió al blanco tras el parón de la lluvia. Intentó cambiar su destino y tomó muchos riesgos apuntando a las líneas, pero se encontró de nuevo con un frontón que ya le ha ganado 13 veces seguidas en tierra desde su primer duelo en Sttutgart hace ocho años.
Ahora ,con 51 sets ganados en tierra roja esta temporada y 51 victorias en Roland Garros, Nadal ya ha empatado con Andre Agassi en París, y espera alargar su racha de 253 partidos ganados sobre polvo de ladrillo.
Con el alemán Boris Becker como espectador de lujo sentado al lado de su mentor en sus comienzos, Ion Tiriac, en el palco tradicional del rumano, Djokovic luchó contra corriente en los dos primeros sets, pero sacó esa garra tan característica suya que hace que sus rivales duden.
En los dos, el serbio estuvo abajo en el marcador. En el primero perdió su saque (3-2) para ganar después en 34 minutos, con su segunda rotura ante Federer. Se giró entonces a su banquillo y apretó el puño con fuerza.
En el segundo, el suizo tuvo una ventaja de 3-0 y luego llegó a sacar para ganar con 5-4, pero el serbio ganó tres juegos consecutivos, haciendo subir su confianza más aún, y creyendo en una victoria que Roger le arrebató el año pasado en esta misma ronda cuando le cortó una racha de 41 encuentros ganados.
Salvar cuatro bolas de partido en cuartos de final contra el francés Jo-Wilfried Tsonga, ha dado alas al jugador de Belgrado, que lleva este año 36 victorias, por cinco derrotas, una marca todavía inferior a la de Nadal.
Cuando el servicio de Federer no funciona, el de Basilea corre peligro, y hoy lo cedió en siete ocasiones, su gran pecado, la última en el sexto juego del tercer set, parcial en el que Federer estuvo más que nunca contra las cuerdas contra un jugador que ya le ha ganado en 15 de 26 ocasiones, las tres últimas seguidas.
Convertido ya en el noveno jugador de la historia que alcanza la final de los cuatro grandes, Djokovic lleva 27 partidos ganados seguidos en este tipo de torneos. Resolutivo, decidió el partido contra Federer tomándose su tiempo, y calculando un servicio que Federer restó a la red, mientras el serbio gritó al viento su victoria.



