Cierra una de las últimas fábricas argentinas de artículos de librería escolar y de oficina: la alemana Pelikan -cuya propiedad en la Argentina comparten la casa matriz y Editorial Estrada, de la familia Agardy-decidió dejar de fabricar sus productos en el país y pasar a importar todo lo que venden desde las diversas plantas que tienen los germanos en el mundo.
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La medida implica el despido de 46 trabajadores y la discontinuación de varias líneas de producción que todavía estaban activas. Según un comunicado de la empresa, padeció la crisis como todo el sector, lo que se reflejó en una caída en las ventas de 35% en los últimos cinco años. Sólo en el ejercicio pasado perdieron u$s 1,3 millón.
En un discurso que parece calcado de otros sectores que padecen el mismo mal (indumentaria, textiles, calzado, etc.), los accionistas de Pelikan atribuyen gran parte de sus males a «la apertura irrestricta de las importaciones y la entrada masiva de productos a muy bajo costo provenientes de Oriente».
Curiosamente, el cierre se produce después de que la empresa invirtiera cerca de u$s 2 millones en la adquisición de maquinaria y la modernización de su estructura productiva. De acuerdo a una fuente de la empresa, lo hicieron «con vistas a las hipotéticas ventas que debía generar el Mercosur, pero pasó todo lo contrario». Otra curiosidad es que, a pesar de atribuir su crisis a las importaciones de Oriente, Pelikan comenzará a surtirse de plantas ubicadas en Pakistán y Japón, además de las de Alemania, Italia y Checoslovaquia.
Además de los productos de su propia marca, Pelikan representa a las marcas Rotring y Pilot. En el amargo camino del cese de actividades fabriles la precedieron (en el mismo sector) las empresas Faber-Castell (en 1995) y Bic, subsidiaria de la estadounidense Gilette (el año pasado). Según fuentes de la empresa, en Pelikan trabajaban 100 personas, por lo que conservarán sus puestos 54 de ellas.
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