River dio vuelta un partido increíble
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Es cierto que en esos tantos ecuatorianos tuvo mucho que ver el bajísimo nivel que viene observando Leonardo Talamonti, algunas salidas a destiempo del hasta hoy siempre eficaaz Julio Cáceres y ciertas fallas de concepto del arquero Germán Lux.
El primer error grosero fue de Talamonti, algo que se viene repitiendo peligrosamente en los últimos partidos.
El ex Rosario Central y Lazio, de Italia, se enredó con la pelota en la puerta del área grande y el volante Cristian Lara aprovechó para fusilar a Lux.
Iban 29 minutos y parecía apenas una tormenta pasajera para los riverplatenses.
Pero diez más tarde Cáceres salió hasta la mitad de la cancha innecesariamente y le dejó 40 metros libres a Félix Borja, la figura de la cancha, para que doblegara nuevamente a un impávido Lux con un potente remate de zurda, ante el desesperado intento de Talamonti por cerrar.
Y así, con la imagen deteriorada y oscuros presentimientos para el segundo tiempo, River se fue a los vestuarios con Daniel Passarella mascullando bronca y preparando cambios.
De hecho ya no salió a jugar los segundos 45 minutos Talamonti y su lugar lo ocupó el correcto Cristian Tula, mientras que antes de los diez minutos el riojano Gonzalo Abán le dejó su lugar en el ataque al no menos intrascendente Gustavo Oberman (se hizo expulsar sobre el final por simular una falta penal cuando estaba amonestado).
Claro que cuando el ex Argentinos Juniors ingresó al campo River ya perdía 3 a 1, porque un "horror" de Lux saliendo a rechazar con los pies una pelota dentro del área y haciendo rebotar el balón en Borja, determinó "de pavota", como en el metegol, la tercera conquista de El Nacional.
El propio delantero se perdió otro mano a mano al querer picarle la pelota a Lux, en lo que hubiera significado el golpe de gracia para los locales.
Pero después de esa acción todo cambiaría por obra y gracia de un fallo vital para el futuro del partido, cuando a los 23 minutos Santana cabeceó, la pelota dio en el travesaño, pico unos 30 centímetros por delante de la línea de gol y fue tomada por el arquero Geovanni Ibarra.
Sin embargo el asistente Carlos Bentancur corrió hacia la mitad de la cancha convalidando el gol y su compatriota, el árbitro Ruiz, le dio la derecha.
A partir de ese tanto la cancha se inclinó hacia el arco ecuatoriano y en cuatro minutos, entre los 33 y los 37, River alcanzó a dar vuelta la historia con los tantos de Daniel Montenegro y Marcelo Gallardo.
Un 4 a 3 que, sin embargo, no tuvo el mismo sentido épico del conseguido 15 días atrás por Estudiantes ante Sporting Cristal, de Perú, cuando al cabo del primer período perdía por 3 a 0 y en el segundo terminó ganando legítimamente por 4-3.
Si a pesar de lo angustioso del triunfo nadie quedó conforme en River. Ni sus hinchas, ni sus jugadores, ni su cuerpo técnico. Porque todos imaginan que, jugando así, la vida de los 'millonarios' en esta Libertadores será muy corta.
Seguramente el síndrome Luciano Figueroa y su grave lesión meniscal puede haber afectado emocionalmente a los riverplatenses, pero lo concreto es que en lo futbolístico deja mucho que desear, no tiene el volumen de juego que al 'Kaiser' le gusta y encima hoy armó el equipo aparentemente desde el desconocimiento de su rival.




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