Para River fue una pesadilla. Empezó perdiendo a los 38 segundos. Debió soportar un gol en contra, de esos denominados «increíbles». Luchó y consiguió descontar, y hasta tuvo el inestimable aporte del Furchi cuando expulsó tres jugadores de Quilmes y no lo supo aprovechar. Mas, de acuerdo con cómo se le presentó el partido, debiera irse contento con el empate, aunque esta igualdad en el marcador le cueste -en la práctica-despedirse de la lucha por el campeonato.
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Quilmes fue a jugar con la expectativa de llevarse un buen resultado. Tanto, que a la postre también el empate que logró puede decirse que es un buen resultado. Es lógico, terminó dejando la cancha como si hubiese sido un trago amargo, porque tuvo muy cerca el triunfo y un minuto de desborde anímico le costó quedarse con «un cuarto de equipo» menos.
Quilmes resignó todo a « correr y morder». Se cansó de hacer «infracciones tácticas» en la mitad de la cancha ante la pasividad del árbitro Furchi, que dio la sensación de que no es adicto a las tarjetas amarillas.
En un contraataque se encontró con el segundo gol por una «impensada e inexplicable» jugada del colombiano Virviescas que cerró con su pierna menos hábil haciendo un gol en contra, de los denominados «tontos».
Pellegrini hizo los tres cambios y salió a «luchar» el partido cuando tenía que salir a jugarlo.
Cavenaghi descontó y después Furchi expulsó mal a Saavedra y encendió la polémica y el enojo de los jugadores de Quilmes, y tuvieron que irse también López (lo empujó al árbitro) y Camps (parece que lo insultó).
Los que quedaron de Quilmes se metieron todos en su área, y River consiguió empatar en una serie de rebotes, pero no tuvo la lucidez necesaria como para ganar el partido.
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