Lo único no se sabía era a cuánto se elevaría la diferencia entre River y Libertad. Era más en lo individual, en lo colectivo, en lo táctico y estratégico. Pero River se quedó, dejó terreno y la pelota rara vez llegó en ofensiva. Fue un 4 a 1 que marca diferencias, pero habrá que decir que Estrada se llevó un gran susto.
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Que River iba a jugar en campo adversario, no era novedad. Se sabía también que Libertad vendría como todos estos equipos, dos líneas de cuatro y esperar. Medio terreno estaba de más. River tendría la pelota, pero falta saber cómo la manejaría: lo hizo con intermitencias y largos períodos para el sueño profundo.
A algunos jugadores da la impresión que Estrada debe aplicarles un aditivo de propulsión para que tener el mismo nivel que sus compañeros. Hablar el mismo idioma que intentan Coudet, Salas y Cavenaghi y alguna vez el transferido Luis González (se va a Rusia por algo más de 4.5 millones de euros. No entran en ese diálogo que se debe proponer desde el medio, porque Mascherano está expectante, Montenegro no acierta en las entregas y Garcé, está lejos de las producciones que alguna vez dio. En síntesis, le falta velocidad y precisión.
Las diferencias individual y colectiva era tan grande, que no bien el equipo paraguayo creyó que podía inquietar a River le bastó con anticipar en dos cabezazos,uno de Coudet y otro de Cavenaghi para aquietar las aguas. Más allá de un gol que invalidó el árbitro Chandía, cuando la pelota había ingresado más de medio metro del arco de Villar. Del resto poco se puede destacar más allá de un remate de Pedrinho que casi rompe la red y dos atajadas de Costanzo. Pero el «estatismo» permite estas cosas. Aunque Libertad achique diferencias e ponga a tiro de un milagro. Coudet (con su tercer gol apagó el incendio).
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