14 de abril 2003 - 00:00

River venció por su insistencia ofensiva

River venció por su insistencia ofensiva
River ganó un partido que se le había complicado sobremanera. Tal vez por un error involuntario del árbitro Héctor Baldassi que vio «la mitad de la película» y terminó expulsando (correctamente) a Leonel Ríos, por una infantil reacción, dejando en la cancha a Garcé que lo había agredido (y también debió ser enviado a los vestuarios) y después con una falla de Milito que envió la pelota sobre su propio arco al querer rechazar.

Si se hace abstracción del resultado, Independiente hizo un planteo inteligente. Se cerró en su campo -en forma de abanicoy sacó rápidos contraataques, aprovechando la velocidad de sus mediocampistas. Se puso en ventaja con un gol tras impecable cabezazo de Montenegro, después de un magnífico desborde por la derecha de Insúa (tiró el centro de «rabona» con su pierna izquierda) y después Independiente se dedicó a defender su ventaja y buscar un contraataque que defina. Lo tuvo en dos oportunidades pero Silvera y Monte-negro las desperdiciaron.

También habrá que puntualizar que River hizo el gasto del partido. Salió a buscar el gol desde el primer minuto, con una gran presión en la mitad de la cancha y utilizando los desbordes de Coudet y Darío Husain. Tal vez lo deficitario fue que llenó el área rival de infructuosos centros, por falta de precisión y que siempre encontraban una cabeza para el despeje. Después del gol de Independiente, River se fue desdibujando en su insistencia ofensiva, a pesar de que con el desborde de mediocampistas había huecos propicios para aprovechar.

Independiente cometió un error, que a la luz del resultado final, debió pagar muy caro. Retrasó sus líneas en demasía sobre su propia área, regaló terreno en la zona media y terminó jugando dentro de su propia área, con el peligro que implica esta determinación. En verdad, nadie puede asegurarlo, pero es posible que la expulsión de Ríos haya tenido una incidencia que va más allá de quedarse con un hombre menos. El equipo se «descontroló», se produjeron faltas innecesarias de Milito (visiblemente nervioso) y en un descuido llegó el gol de Fuertes, después que Demichelis le ganara de cabeza a Franco.

River sabía que el empate aún le quedaba chico. Pellegrini hizo ingresar a Ludueña por Garcé para tratar de ganarlo.

La entrada de Ludueña fue fundamental porque con su re-mate en forma de centro generó el gol en contra de Milito y porque al juntarse con D'Alessandro y Luis González creó un circuito de fútbol que superaba -por habilidad-a una defensa que a esa altura parecía heroica, pero tambaleante.

Si se habla de merecimientos, River hizo más para ganar. Fue siempre superior a su rival en el manejo de la pelota. Intentó atacar con todas sus armas y aunque por momentos se desordenó, nunca perdió de vista el arco adversario. Independiente, en cambio, planteó el partido en función del rival. Esperó en su campo, seguramente especulando con la posibilidad de un contraataque salvador y casi se lleva el premio mayor.

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