San Lorenzo fue el mejor del verano. Si algo le faltaba para demostrarlo, era ganarle a Boca, cuando con el empate le alcanzaba para quedarse con el pentagonal de los grandes.
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El equipo que dirige Héctor Veira mostró movilidad, habilidad y mucha velocidad para atacar. Tuvo a un Montillo muy activo, pidiendo siempre la pelota y dos delanteros rápidos que aprovecharon la lentitud de la defensa de Boca. El rosarino Drovandi mostró todas sus condiciones, no sólo desbordó por los dos costados, sino que apareció por el centro del ataque para definir con la parte externa de su pie izquierdo el único gol del partido.
En contrapartida, Boca nunca pudo manejar la pelota en el mediocampo. Timorato, Donnet nunca fue el eje que necesitaba el equipo, tanto que Benítez lo reemplazó por el juvenil Escalada y la lentitud de Cagna y Cascini se sobredimensionaron con la dureza que produce la pretemporada. Boca se pudo poner en ventaja a los 3 minutos cuando Palacio ganó por velocidad y rebotó la pelota en un poste, pero desde los 9 minutos fue perdiendo, por lo que tomó riesgos defensivos que hicieron más notoria su lentitud.
Después Veira hizo ingresar a Coudet y Messera para que debuten en el equipo y demostraron que no están al mismo nivel físico que sus compañeros por lo que el equipo perdió precisión y terminó luchando en la mitad de la cancha con Boca. En esa lucha, Boca tuvo posibilidades de empatar -hubo un cabezazo de Schiavi y otro de Palermo-, y San Lorenzo, de aumentar el marcador.
Boca deberá mejorar mucho si quiere ser protagonista del campeonato. Le falta principalmente generación de fútbol y cambio de ritmo. Tiene lucha y mucha experiencia para manejar los tiempos del partido, pero todo eso se pierde cuando el rival le juega rápido la pelota a espaldas de Cagna.
San Lorenzo, por su parte, mostró grandes virtudes. Es veloz, que no es lo mismo que apurado. Está mucho más seguro defensivamente, combinando la juventud de Walter García con la experiencia de Paredes y Pereyra. Recuperó al mejor Montillo, que parece que con la ida de Romagnoli se liberó de un peso anímico y está siendo el organizador del equipo.
Descubrió a un delantero de las inferiores, Drovandi, con velocidad y gol, y recuperó al mejor Herrera, ése que inquietaba a la defensa por su movilidad cuando jugaba en Rosario Central.
Todavía tiene que poner en su mejor estado físico a sus nuevas contrataciones (Coudet, Messera y el colombiano Moreno) y recuperar a los cinco jugadores que tiene en la selección juvenil (Champagne, Zabaleta, Lavezzi, Peirone y Barrientos), por eso el futuro es promisorio.
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