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El equipo del chileno Manuel Pellegrini, que encadenó su tercera derrota consecutiva, no pudo disimilar sus problemas institucionales y futbolísticos que desbarrancaron su marcha en el ámbito nacional e internacional.
Ante Peñarol, San Lorenzo estuvo cerca de conseguir un inmerecido empate, pero el tanto convertido por Fabián Canobbio, a 14 minutos del final, lo dejó con las manos vacías.
Los uruguayos, junto a El Nacional de Ecuador, encabezan el grupo con 6 puntos; mientras que el equipo argentino, al igual que Real Potosí de Bolivia, lo cierra con 3 unidades, aunque todavía debe jugar dos partidos como local de los tres que restan.
El arquero Sebastián Saja fue el único responsable del retraso con el que Peñarol llegó al gol en un partido ordinario, en el que ambos dejaron una imagen pálida.
Con muy pocos argumentos, los uruguayos alcanzaron para justificar el resultado ante un equipo disociado, lento, bastante refugiado y con serios problemas defensivos.
De no haber sido por Saja, Peñarol tendría que haber desnivelado mucho tiempo antes, porque fue claro dominador en cantidad de llegadas de riesgo.
En la primera parte, Saja, además de contenerle un tiro penal -solo apreciado por el árbitro chileno Carlos Chandía- a Bengoechea, conjuró un cabezazo de Cedrés y un mano a mano con Canobbio, entre las más destacadas.
Además, el argentino Daniel "Miliki" Jiménez, cuyas aptitudes físicas fueron una pesadilla para la última línea visitante, había estrellado un cabezazo en el palo.
En el complemento, y pese a los cambios, San Lorenzo tampoco llegó a reaccionar y la sensación de la derrota flotaba en el ambiente pese a los esfuerzos de su arquero.
Es cierto que los argentinos también tuvieron ocasiones pero muchas menos: la más clara había sido en el primer tiempo cuando el palo devolvió un derechazo de Acosta, después de un pase de Rivarola.
El resto fueron todas aproximaciones con "patriadas" de sus delanteros, porque ni Franco, ni Pusineri -cuando ingresó- y mucho menos el resto de sus jugadores se sumaban al ataque en la medida de lo necesario.
Tanto fue Peñarol, por arriba y por abajo, que encontró el gol a los 31 minutos cuando Canobbio, dentro del área, colocó un disparo junto al palo derecho del arquero.
La lógica respuesta de San Lorenzo no alcanzó ni llegó a conformar serio peligro para Peñarol, que de contraataque, esperó el final y se abrazó a una conquista inobjetable.
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