Aterrizar en el aeropuerto de Auckland entrega una señal clara de que se llegó -después de un viaje por lo general largo y agotador- a un país en el que la bestia dominante es el rugby.
Tener un Mundial de Rugby en Nueva Zelanda es comparable a tener un Mundial de Fútbol en nuestro país o en Brasil o quizás uno de críquet en la India. Los neozelandeses viven y respiran rugby. Tanto es así que uno de los cuatro canales de televisión abierta se promociona justamente como el canal que no tendrá nada de rugby.
Los All Blacks están en todas partes. No físicamente ya que están concentrados en lo único aceptable para ellos que es quedarse con la Copa William Webb Ellis por los cuatro próximos años. Pero en carteles y marquesinas promocionando calzoncillos, ropa deportiva, una aerolínea. Es difícil imaginarse qué podría pasar en el país si no ganan el Mundial. Probablemente tengan que esconderse todos juntos en la selva hondureña.
Habiendo llegado hace unos días -y tras una aparente victoria al cambio de horario- se nota que el ritmo de Auckland va subiendo. Aquí se jugarán más partidos que en cualquier ciudad. Como dicen los organizadores de un torneo que promete ser increíble, «venir a este país es volver a las raíces; será un evento para el verdadero fanático». Ya empiezan a verse cada vez más los colores nacionales. Se llenan los restoranes y el tópico de conversación es solamente el rugby. Cuando surge la pregunta de cómo les irá a Los Pumas hay un consenso casi general de que deberán estar en su mejor nivel para pasar a cuartos de final.
Argentina está concentrada en Dunedin, en la Isla Sur, preparándose para lo que será el enorme desafío de Inglaterra el próximo sábado. Los jugadores crecen en confianza al tener un objetivo único y bien definido. Esto es bueno. Con el quince inicial será cuestión de ajustar detalles para la batalla. Los 20 equipos participantes ya están en el país y listos para dar batalla. Disfrutaron de una bienvenida maorí -Powhiri- y recibieron un curso rápido de Maoritanga, la cultura de la tribu que vivía aquí antes de la llegada de los europeos. Ahora son parte de la tierra sobre la que caminan y en la que jugarán. Esto marca el torneo que se viene. La fiesta que será.
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