28 de febrero 2015 - 22:39

Tras una dura batalla, Mónaco espera en la final a su amigo Nadal

Mónaco y Nadal, amigos y finalistas del ATP de Buenos Aires.
Mónaco y Nadal, amigos y finalistas del ATP de Buenos Aires.
Pocos auguraban que Juan Mónaco podía llegar a la final del Argentina Open. Pero él sentía internamente que la situación cambiaba de rumbo y su tenis empezaba a jugar a su favor. Con la estrella de Rafael Nadal brillando en su máximo esplendor, el foco estaba lejos del tandilense y tranquilo, confiando en él mismo, se metió en la definición del torneo porteño tras seis años, donde enfrentará justamente a su amigo español.

En uno de esos arrebatos del destino, la mejor semana de "Pico" en mucho tiempo en el circuito ATP llegó cuando quedó afuera del equipo argentino de Copa Davis que la próxima semana enfrentará a Brasil. En conferencia de prensa había expresado su dolor por no ser citado, pero su sufrimiento se fue transformando en motivación.

Este sábado luchó más que en ninguno de sus otros partidos en el Buenos Aires Lawn Tennis Club para superar por 6-3, 6-7 (6) y 6-4 al español Nicolás Almagro, campeón en Argentina en 2011, finalista en 2012 y perdedor en las semis de 2007 ante Mónaco cuando éste se alzó con el título.

La última vez que el tandilense había llegado a la definición en la Catedral fue en 2009, cuando cayó con el también ibérico Tommy Robredo. Hacía siete meses que no tenía la posibilidad de pugnar por un título, aunque en esta ocasión es muy diferente, por sus sensaciones, por el lugar y por la forma de llegar al gran partido.

No fue quizás la mejor actuación del número 60 del ranking (con estos 150 puntos será al menos top 50), pero demostró todo su carácter y valía para estar el domingo. Siempre lució más decisivo y activo que Almagro, un jugador peligroso y explosivo, pero que encaró este 2015 con la misión de volver a jugar tras ocho meses parado por una lesión en un tobillo.

Mónaco no dejó de jugar con el público, casi como si fuera la Davis. En los peores momentos, a punto de perder su saque o cuando ya no tenía resto físico, las casi seis mil personas que veían el encuentro levantaron a "Pico". Es que la gente vivió el partido a la par del otro gran jugador favorito, sentían la tensión y festejaban los momentos de victoria.

Desde el tenis, el campeón de 2007 hizo el juego que debía: estirar los peloteos y sembrar la desesperación en Almagro, un jugador acostumbrado a querer definir el punto en el primer golpe. Reaccionó el murciano en el segundo, pero no le dio el combustible en el tercero y el Buenos Aires rompió en un aliento descomunal para Mónaco.

Este Argentina Open será recordado por la vuelta de Nadal tras diez años. Entonces era un adolescente prometedor, cuando hoy ya es una consagrada estrella. Vivió a pleno la semana junto a su amigo, pero ahora deberá romper la fraternidad para decidir quién será el campeón de 2015.

Rafa venció en la segunda semifinal 7-6 (7) y 6-2 a Carlos Berlocq, quien también tuvo una semana de ensueño pese a perder antes de tiempo. El nacido en Chascomús se puede ir con la frente en alto por lo exhibido en el certamen porteño.

"Charly" quedó eliminado con solo dos sets perdidos, nada menos que ante el rey del polvo de ladrillo. No obstante, el rendimiento frente al de Manacor fue superlativo, demostrando que su convocatoria al equipo que comanda Daniel Orsanic está más que justificada, aunque tal vez ya no para el dobles.

Nadal era el favorito, en el partido y en las tribunas, pero el bonaerense no se amedrentó. La mejor forma de neutralizar al nueve veces ganador de Roland Garros es a pura "bomba" y Berlocq lo ejecutó de la mejor manera. Juego agresivo, cerca de las líneas, profundo y con muchos cierres en la red. El español estaba desconcertado y el local se mantuvo a tiro hasta el tie break.

El desempate marcó el quiebre del partido. Con un tenis de altísimo vuelo el "Gladiador" se puso 6-1 y hacía delirar a un estadio repleto. Pero Berlocq empezó a desinflarse y le dio una mínima posibilidad de recuperación a Nadal. Aciertos de un lado y pequeños errores del otro revirtieron el marcador y le dieron el parcial al tenista visitante, que festejó casi como una victoria, denotando la dificultad de lo obtenido.

Había cambiado radicalmente el encuentro pese a que el número 74 del mundo comenzó el segundo con un break arriba. Su rival salió decidido a no dar más concesiones. Apretó el acelerador, puso su tenis en marcha y arrolló a Berlocq. Las tribunas nunca dejaron de reconocer a uno y a otro, por ser la leyenda esperada y por el esfuerzo brindado.

La final será el domingo a las 14, a estadio colmado. Los protagonistas serán Mónaco y Nadal, dos amigos que buscan ganar el mismo título, pero con matices diferentes: uno, mantener su reinado sobre polvo de ladrillo y alcanzar, nada menos que en Buenos Aires, el récord de Guillermo Vilas de 46 campeonatos sobre esta superficie; el otro, demostrar su vigencia y dejar bien atrás los malos recuerdos para revitalizar su carrera.

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