Los franceses saludaron ayer con júbilo al seleccionado nacional y, lejos de objetar al capitán Zinedine Zidane, lo aclamaron, al igual que a David Trezeguet, que fue perdonado por errar un decisivo penal en la final del Mundial.
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«No perdieron, tenemos que agradecerles», corearon miles de personas, cuando los futbolistas se asomaron en el mediodía parisino a los balcones del Hotel Crillon, de cara a la legendaria Plaza de la Concordia.
El presidente Jacques Chirac, junto con su esposa Bernadette, había recibido poco antes a los integrantes del plantel y al cuerpo técnico que encabeza Raymod Domenech en el Palacio Eliseo, sede del gobierno francés.
Las esposas y novias de los futbolistas estuvieron en el encuentro oficial, en el que el primer mandatario lanzó elogios y voz de aliento, especialmente para Zidane.
Francia perdió el domingo en Berlín la final de la Copa del Mundo ante Italia, en definición por penales, luego de que Zidane fuera expulsado por una violenta agresión a Marco Materazzi, aún sin explicación. Pero el capitán, que jugó en Berlín el último partido de su carrera tras un ciclo brillante en el seleccionado, recibió cálidas muestras de respaldo, traducidas en el típico «¡Zizou, Zizou!», con que los fanáticos solían saludarlo desde las gradas. Zidane retribuyó la ofrenda con gestos mínimos, entre melancólico y sonriente, como suele vérselo.
En los balcones del hotel, el franco-argentino Trezeguet, jugador de Juventus, lució visiblemente emocionado, llorando mientras se fundía en un abrazo contenedor de Thierry Henry y la multitud lo alentaba.
«¡Merci, merci!», repitieron adolescentes y jóvenes, que fueron mayoría, y también algunas personas de más edad, emocionados y entusiasmados en el centro de París, adornado con banderas francesas.
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