Vuelven los fantasmas

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Hay un viejo tango que dice "la historia vuelve a repetirse" y este partido fue muy parecido al que empataron estas mismas selecciones en la Apertura de la Copa América.

Otra vez Bolivia puso en la cancha dos líneas de cuatro, con Jaime Robles y Walter Flores barriendo el mediocampo y recurriendo a faltas menores y otra vez Argentina no supo como resolverlo y se agotó en toques intrascendentes, sin casi patear al arco y sin cambiar nunca de ritmo.

Todos sabíamos que Bolivia iba a jugar así y también que Argentina tenía que tener precisión en velocidad y paciencia. Las lesiones de Ángel Di María y el Kun Agüero le quitaron a Sabella dos variantes importantes. Dos tipos que saben gambetear en velocidad y que tienen gol.

Las elecciones de Ricky Álvarez y Javier Pastore no fueron las mejores. Porque Álvarez jugó con mucha timidez, como si le pesara la responsabilidad y nunca aprovechó su prodigiosa gambeta y porque Pastore recostado como puntero izquierdo es un desperdicio para un jugador que tiene que ser el socio natural de Messi y lo tenía del otro lado.

Por eso a los bolivianos le costó poco trabajo cerrar el costado izquierdo y solo se preocuparon con las proyecciones de Clemente Rodríguez (el nuevo jugador del pueblo) que terminó ovacionado en cada intervención, por sus ganas y la garra para no dar una pelota por perdida.

Arriba Gonzalo Higuaín estuvo tan aislado, que la primera pelota que tocó fue el gol que anuló en forma insólita el pésimo árbitro ecuatoriano Carlos Arce, para cobrar una infracción anterior contra Messi y ya iban 21 minutos. Y Messi intentó juntarse con los del medio (sobre todo con Gago y Mascherano), por lo que salió de su posición de delantero por derecha y se alejó del área.

Bolivia había dejado arriba a Marcelo Moreno Martins para pelear las pelotas con los inseguros Demichelis y Burdisso, pero nunca soñó encontrarse en ventaja por un "regalo" de Demichelis.

El planteo 4-4-1-1, tenía el sentido claro de esperar en su cancha y jugar con el paraguayo Pablo Escobar para que la "aguante" en campo contrario o larga para Moreno Martins para que se pelee con la defensa argentina. Era una táctica de distracción, por lo que nunca se pensó que hasta iban a conseguir un gol.

La selección estaba confundida en la cancha y tuvo que entrar Ezequiel Lavezzi para en su primera intervención empatar el partido (aprovechó un gran pase de Gago) demostrando que si probaban al arco era posible ganarlo. Fue lo único positivo de un Lavezzi, que después entró en la mediocridad total y en el barullo de sus compañeros, que se les nublaba la vista cuando tenían el arco enfrente.

Bolivia terminó animándose de contraataque y hasta lo pudo ganar en el último segundo con un tiro alto de José Luis Chávez. Argentina volvió a mostrar su peor versión, con horrores defensivos (Porque insistir con Demichelis quien había sido desafectado después del pésimo Mundial), lentitud en el manejo del medio y delanteros que quieren gambetearse a todos los defensores rivales antes de patear. Los mismos fantasmas que hicieron irse a Sergio Batista y que Sabella no pudo exhumar.

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