Transcurrieron 23 años del atentado contra las torres del World Trade Center de Nueva York y el impacto económico y bursátil, al parecer, ya ni siquiera es visible en los gráficos de los analistas. Sin embargo, fue un acontecimiento que repercutió en todo el mundo y terminó con la declaración de guerra contra el terrorismo del entonces presidente Bush (h) el 20 de setiembre del 2001, marcando un punto de inflexión. Pero mientras los atentados tuvieron un profundo impacto en la política mundial, de seguridad y las estrategias militares, las repercusiones económicas y sobre los mercados fueron distintas. De ahí que sería interesante, ante la aparente amnesia del dinero, analizar la distancia entre los acontecimientos externos violentos y los mercados financieros.
A 23 años, ¿qué lecciones dejó el 11-S para los mercados?
Fue sin duda un antes y un después de ese fatídico 11 de setiembre del 2001. Luego de más de dos décadas todavía hay algunas lecciones por aprender o tener en cuenta.
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11-S: el impacto mundial perduró. Las repercusiones económicas y sobre los mercados, fueron distintas.
Al respecto, estudios de la Universidad de Siena sobre el impacto económico de los atentados del 11 de septiembre de 2001 (11-S) muestran cómo afectó al crecimiento, el empleo, el gasto público y los ingresos fiscales. ¿Qué dicen?
11-S: los efectos económicos
Por un lado, los atentados provocaron una caída del 0,5% del PBI de EE.UU., la pérdida de 600.000 puestos de trabajo, sobre todo en los servicios financieros, la hotelería y el transporte aéreo (solo en Nueva York fueron entre 75.000 y 100.000). El desempleo aumentó significativamente, la recesión se vio agravada, aunque el PBI había empezado a recuperarse a principios de 2002.
Por otro lado, implicaron para la ciudad de Nueva York una deuda a largo plazo de u$s2.100 millones, un aumento de los costos de salud, pensiones y seguridad, y una caída de los ingresos fiscales de u$s926 millones en 2002 y u$s1.600 millones en 2003. Además, la destrucción y los daños sufridos por el espacio de oficinas ascendieron a u$s30.000 millones, afectando a 28 millones de m2 de espacio de oficinas de primera categoría, y los ingresos brutos de la ciudad se redujeron en u$s11.500 millones en los meses posteriores a los atentados, lo que perjudicó aún más a la economía neoyorquina.
Si bien el Gobierno de Bush proporcionó ayuda financiera para apoyar los esfuerzos de recuperación, el declive económico empeoró a medida que las empresas e industrias de la ciudad de Nueva York luchaban por recuperar su equilibrio. En cuanto a las cuentas fiscales neoyorkinas, la presión tributaria aumentó considerablemente tras el 11-S, y los tipos del impuesto sobre la renta de las personas físicas alcanzaron niveles que no se veían desde los’60. Según explican, las subas de impuestos fueron necesarias para compensar los déficits presupuestarios causados por el impacto directo del atentado en las empresas, la propiedad y la productividad económica general.
Con relación al impacto en los servicios públicos, el número de beneficiarios de Medicaid aumentó un 25% por la ayuda de emergencia, lo que supuso costos adicionales de u$s130 millones, también el costo de las pensiones de las víctimas y el aumento del gasto en seguridad se sumaron a las dificultades presupuestarias de la ciudad.
Además, la reconstrucción de la ciudad de Nueva York hizo que la recuperación económica fuera lenta: la economía local tardó más de 20 meses en estabilizarse tras los atentados, incluso cuando el crecimiento del PBI se reanudó a nivel nacional. “Sin embargo, cuando analizamos las consecuencias económicas a largo plazo, vemos que el crecimiento del PBI de EE.UU. ya empezó a recuperarse en el último trimestre de 2001”, señala el economista jefe de la banca suiza Mirabaud, John Plassard.
11-S: el impacto en los mercados mundiales
Cabe destacar que los atentados también tuvieron un impacto significativo en los mercados extranjeros vinculados a EE.UU., con una importante desaceleración del crecimiento en 12 países "socios" mientras los mercados mundiales experimentaron una caída de la confianza, agravando la desaceleración económica general.
Pero más allá del 11-S, Plassard señala que los riesgos geopolíticos pueden repercutir en las economías de varias maneras, entre ellas la caída de la confianza de los consumidores y las empresas, que afecta al gasto, la inversión y el crecimiento del PBI. Por un lado, en tiempos de guerra, como señala el Departamento de Seguridad Nacional de EEUU, la destrucción de infraestructuras tiene un impacto negativo inmediato en el crecimiento, aunque los esfuerzos de reconstrucción posteriores pueden impulsar el PBI a largo plazo. Por otro lado, los países que comercian con los afectados por acontecimientos geopolíticos pueden experimentar interrupciones en los flujos de importación y exportación, lo que repercute en sus propias economías. Y los precios de las materias primas, sobre todo del petróleo, suelen reaccionar a las tensiones geopolíticas interrumpiendo el suministro, pero esto suele ocurrir a corto plazo.
Pero “los mercados financieros reaccionan generalmente a los riesgos geopolíticos a través de la volatilidad de los mercados de renta variable, tanto en los países directamente afectados como a escala mundial, al fluctuar la confianza de los inversores. Las monedas de los países afectados pueden depreciarse a medida que aumenta la incertidumbre, reflejando un menor apetito inversor”, explica Plassard, quien agrega que los picos históricos del índice de riesgo geopolítico suelen correlacionarse con caídas moderadas del índice S&P 500, con una caída promedio del 10% durante los grandes acontecimientos.
Los otros factores en juego
Vale señalar que un acontecimiento geopolítico siempre va asociado a otros factores. “Al desvincularnos del acontecimiento (que es obviamente lo más difícil), es esencial considerar otros factores económicos que influyen en la rentabilidad de los mercados, además de los riesgos geopolíticos”, sostiene el economista de Mirabaud. Por ejemplo, la Guerra del Golfo coincidió con una recesión en EEUU, y la guerra entre EEUU e Irak de 2003 tuvo lugar después del crack tecnológico. “El reciente conflicto en Israel se produjo cuando los rendimientos de los bonos del Tesoro de EEUU alcanzaron sus niveles más altos desde 2007, influidos por las expectativas de mayor inflación y crecimiento económico, así como por la preocupación por el déficit presupuestario de EEUU”, señala Plassard. Vale recordar que en los casos en que los mercados siguieron a la baja un año después, hubo otras crisis económicas en juego, como el desplome tecnológico tras el 11-S y la crisis bancaria que siguió a la guerra de Afganistán.
La geopolítica y el impacto en las bolsas
Los acontecimientos geopolíticos suelen provocar una gran incertidumbre entre los inversores. Sin embargo, el análisis de 80 años de AMP de los acontecimientos geopolíticos y su impacto en el mercado bursátil (S&P 500) muestra que el impacto negativo es pequeño y de corta duración. Por promedio, el mercado bursátil pierde un 4,6% en los 20 días siguientes a un acontecimiento político, y la recuperación de esta caída ya es completa tras un periodo de 43 días después del acontecimiento, explica Plassard. Dada, entonces, la escasa influencia de los acontecimientos geopolíticos en los mercados bursátiles, la evaluación de la situación fundamental es mucho más importante, y por eso la desaceleración económica causa nerviosismo y provoca mayores fluctuaciones en los precios.
“En función de la situación del mercado, los inversores dan más peso a los indicadores positivos o negativos y se posicionan en consecuencia. Si las opiniones cambian rápidamente, se crea un entorno de mayor volatilidad”, señala el economista, que agrega además que el impacto de los acontecimientos geopolíticos en los mercados de renta variable puede ser breve o prolongado, dependiendo de la naturaleza del acontecimiento. “A pesar de los efectos negativos iniciales, los datos históricos muestran que los mercados de renta variable de EEUU suelen recuperarse en el plazo de un año, con una ganancia media del 15% tras las principales conmociones geopolíticas”, afirma Plassard.
En conclusión, al mirar más allá del "acontecimiento" se puede ver que, en términos puramente económicos y bursátiles, el 11 de septiembre de 2001 ya no es relevante y no ha dejado huella; todo lo contrario a lo sucedido a nivel humano y geopolítico.




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