20 de junio 2005 - 00:00

Abúlica versión de "Lucia"

La soprano cubana de formación norteamericana Eglise Gutiérrez en el protagónico:un trabajo teatral primitivo y una voz afinada, pero de registro muyoscuro para el papel.
La soprano cubana de formación norteamericana Eglise Gutiérrez en el protagónico: un trabajo teatral primitivo y una voz afinada, pero de registro muy oscuro para el papel.
«Lucia di Lammermoor». Dramma tragico en tres actos. Mús.: G. Donizetti. Lib.: S. Cammarano. Direc. mus.: A. Pirolli. Régie: C. Juri. Direc. Coro : S. Caputo. Esc. Y vest.: V. Cámara. Ilum.: C. Spence. Int.: E. Gutiérrez, D. Schmunck, L. Gaeta y otros. (Teatro Colón). Nuevas funciones hasta el 25/6.

El tercer título de la temporada lírica del Colón, «Lucia di Lammermoor», de Gaetano Donizetti, fue ofrecido en una nueva producción escénica que se estrenó el viernes, luego de una semana de postergación por motivos gremiales. La Orquesta Estable no usó sus trajes reglamentarios en la función de Gran Abono, aunque continuó sugiriéndose que los abonados concurran con ropa de etiqueta para esta función, en un Teatro Colón cuya calidad no es la misma de hace apenas una década, ni mucho menos si uno piensa en las temporadas de hace veinte o treinta años.

La primera función de «Lucia» contó la una apagada versión orquestal concertada por un ignoto director italiano, Antonio Pirolli, abulia más atribuible a éste que la Estable que lució a algunos de sus excelentes solistas de flauta y arpa, por ejemplo. El calificativo más justo para catalogar la labor del músico romano es que la suya resultó una versión de rutina. Al Coro Estable, con la dirección de Caputo, se lo oye recuperado y con cohesión lo que no es poco, sobre todo en los « concertantes».

La régie de Constantino Juri transitó los caminos de la tradición sin ningún asomo de «aggiornamento» y el todo se vio muy frontal, sin relieve en el uso del espacio escénico, o lo que quedó de él, luego que el diseño de Verónica Cámara ocupara casi toda la boca del escenario sin utilización de la profundidad del Colón. Se veía como una escenografía para otro teatro, más pequeño.

En este contexto, los cantantes y el coro hicieron lo que pudieron. La cantante cubana de formación norteamericana Eglise Gutiérrez fue lo mejor de la versión, a pesar de un trabajo teatral bastante primitivo. Sus medios vocales sirvieron al papel «belcantista» con afinación y coloratura aunque la tonalidad de su registro es oscura y alejada del de una soprano coloratura como pide el papel. La célebre «escena de la locura» la mostró en su mejor momentoy el público la aplaudió generosamente,casi como si hubiera escuchado a Callas rediviva Darío Schmunck, con volumen limitado y defecciones en el registro agudo (sobre todo en el acto final), un desganado Luis Gaeta poco cómodo en su personaje, Stefano Palatchi con una buena presencia dramática y el resto redondearon una versión desapasionada de la muy conocida ópera de Donizetti, que contó con una iluminación no menos adocenada de un norteamericano, Chenauld Spence, especialista en luces para el ballet. Una contratación ociosa, realmente injustificada, en vista de los estupendos iluminadores que se tiene en el país.

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