25 de julio 2001 - 00:00

ADEMÁS DE BAJAR EL GASTO, HAY QUE DOLARIZAR (25/07/2001)

Desde las primeras resoluciones del ministro de Economía comentamos, en estas columnas de Ambito Financiero, que el diagnóstico era erróneo.

1. Introducir la convertibilidad ampliada elevó la incertidumbre.

2. La pelea con Pedro Pou también contribuyó a aumentar los riesgos. En poco tiempo se perdieron unos 8.000 millones de depósitos y el riesgo-país se elevó desde 850 a los 1.100. Este guarismo, en febrero, orillaba los 650. Para incurrir en tamaña pérdida de confianza, a pesar del megacanje y de restablecer el blindaje, se tiene que obrar muy desaprensivamente.

3. Cerrar la economía, elevando los aranceles, quita negocios cuando más se necesitan. Una salida para un mercado interno estancado es vender en el exterior. Para ello, se requiere abrir las exportaciones disminuyendo las trabas a las importaciones.

4. Concentrar el problema en promover la inversión, otorgando costosas desgravaciones a las compras de equipos, cuando la demanda se está reduciendo, tampoco parece atinado. Estos errores se agravaron cuando se obtuvieron poderes especiales del Congreso. La sociedad necesita del funcionamiento de la democracia, sus tiempos y procesos. Una vez acordados esos poderes, todos quedamos más expuestos a nuevas sorpresas. La del empalme o convergencia termina de confirmar una situación de riesgo máximo. El ejecutivo, con su hiperactivo redactor de nuevas disposiciones, pasa a repartir premios y castigos en forma constante.

Frente a esa circunstancia, la propiedad de cada uno está en alerta rojo. Como explico en el libro «Dolarizar: el fin de las monedas nacionales», la diferencia entre los países pobres y ricos radica en la eficacia con que la arquitectura institucional preserva la propiedad y demás derechos individuales. Los que empobrecen no sostienen la propiedad. En nuestro caso, el Congreso nos abandonó, dejando de custodiar la redacción de las leyes. El sorpresivo empalme es una palpable demostración de esos peligros.

Gravoso

Por otro lado, cuando la economía se achica, las empresas no pueden financiar el mismo gasto público, puesto que se eleva la incidencia de los costos impositivos. Esto es una característica muy gravosa en una sociedad en la que la evasión impositiva es de 50%. La carga, para los que pagan, se duplica.

En esas circunstancias, las empresas reducen sus gastos para sobrevivir y poder pagar más impuestos al Estado. La gente que no despide el gobierno la expulsa el sector privado, perdiéndose así más producción. Por ello, la disminución de los gastos más improductivos del Estado es más imperiosa que nunca. Visto de otra manera, dado que el valor de las propiedades está afectado por los costos de mantenerlas, la incidencia mayor del gasto público contribuye a deteriorar, aun más, todas las propiedades, incluso el valor de las empresas, en el país.

El violento empeoramiento de la situación económica, en los pocos meses de su gestión, hace imperiosa la rápida rectificación del rumbo. Frente a estas consideraciones, la dolarización, reemplazando cada peso por un dólar, junto con un programa general de disminución de la ineficiencia estatal, contribuiría a disminuir bruscamente el riesgo argentino. Ahora, atención. Las malas elecciones tienen un alto costo. Por no seguir el plan de López Murphy, en febrero, las autoridades tendrán que hacer mayores recortes de gastos improductivos e introducir la dolarización ahora. Pero si no lo hacen, los recortes pueden amenazar a más funcionarios. La sociedad argentina entera y sus valores están en juego.


Dejá tu comentario

Te puede interesar