8 de julio 2005 - 00:00

Agresivo lanzamiento de Cristina a la senaduría

El agresivo lanzamiento de Cristina de Kirchner anoche en La Plata marcó el no retorno en las relaciones con Eduardo Duhalde. La senadora que quiere cambiar de distrito recordó las muertes de los piqueteros, lo tildó de padrino mafioso y fue mordaz con las promesas incumplidas de dejar la política que hace el ex presidente. Acto sin masa peronista, casi sin menciones al peronismo y con una sola referencia a los «bonaerenses» en el discurso de la candidata. Hubo gobernadores (dos de ellos radicales), intendentes y eran todos funcionarios de algún gobierno.

Los gobernadores Gildo Insfrán, Felipe Solá, José Manuel de la Sota y los intendentes Alejandro Granados y Julio Alak, acompañan a Néstor Kirchner en el palco durante el lanzamiento de la candidatura a senadora de Cristina Kirchner ayer en La Plata.
Los gobernadores Gildo Insfrán, Felipe Solá, José Manuel de la Sota y los intendentes Alejandro Granados y Julio Alak, acompañan a Néstor Kirchner en el palco durante el lanzamiento de la candidatura a senadora de Cristina Kirchner ayer en La Plata.
Si subsistía, mínima y precaria, una grieta para entrever que Néstor Kirchner y Eduardo Duhalde podían, todavía, pactar la paz, ayer terminó de bloquearse. Cristina Fernández no clausuró la puerta, levantó un murallón que hace irreversible -y anticipa cruentala batalla con el duhaldismo.

En su primer discurso de barricada como candidata, ayer en el Teatro Argentino de La Plata, la senadora apabulló con fraseos que -por si alguien lo dudaba adjudicaron a Duhalde la categoría de «enemigo» del gobierno y, en consecuencia, rival para vencer en las elecciones del 23 de octubre.

Las citas más ácidas de la primera dama hicieron blanco en el caudillo de Lomas de Zamora. No en Chiche Duhalde, quien competirá con Cristina, ni siquiera en el duhaldismo como una sustancia de bordes inasibles, sino en el ex presidente. No fue necesario que se lo mencione: el antes socio es, ahora, el otro; el innombrable.

En tres ocasiones, la desde ayer candidata oficial -a pesar de que hacía tiempo su postulación se considera firme-azotó la memoria de Duhalde. No fueron planteos sutiles ni superficiales, sino que metió el puñal en tres heridas que todavía le sangran al ex presidente:

«Cuando yo decida dejar la política, no vuelvo nunca más. No soy de las que dicen que se retiran y vuelven, una y otra vez, a poner piedras en el camino»,
dijo para desnudar lo que se sabe: que Duhalde -como Troilo al barrio-se va, pero siempre está volviendo.

«No nos olvidemos que el gobierno anterior tuvo que anticipar las elecciones porque mataron a dos piqueteros»,
recordó la primera dama, desempolvando los expedientes de los crímenes de Avellaneda que forzaron al bonaerense a entregar el gobierno antes de lo previsto.

La tercera referencia, camuflada en una ironía, es la más urticante para el duhaldismo. Cristina cuestionó que las sugerencias al gobierno, que imputó al PJ bonaerense, son en realidad-«guión y dirección de Francis Ford Coppola» y el resultado, completó, «es la película 'El Padrino'».

Nada, desde ayer, entre Kirchner y Duhalde será lo mismo. Es absurdo suponer que, después de las embestidas de la primera dama, es posible una reconciliación. Ayer, la senadora dinamitó pocos puentes que unían las dos orillas del peronismo..

En una sala repleta, con el Presidente, quince gobernadores -tres de ellos radicales-y más de 60 intendentes -uno también de la UCR-,
Cristina Fernández (reprendió a la organización porque en el cartel figuraba sólo su apellido de casada) se instaló ayer, desde La Plata, como una candidata nacional.

• Enfoque

Sólo una vez, sobre el final de sus 40 minutos de discurso, les habló a los bonaerenses: siempre se refirió a los « argentinos y argentinas» y, a pesar de que enfocó algunos detalles puntuales de la provincia, en todo momento desplegó un planteo de «modelo» y « proyecto de país».

Y, aunque en la despedida cantó la «Marcha Peronista» en versión cumbia que eligió
Enrique «Pepe» Albistur, encargado de la puesta en escena, eligió un discurso que sobrevoló las pertenencias partidarias.
«Yo no soy fanáticamente peronista --dijo pausa de por medio-, soy fanáticamente argentina.»

El capítulo PJ lo protagonizó, antes, el intendente de La Matanza, Alberto Balestrini, que encabeza la lista la diputados nacionales del Frente para la Victoria (FpV). «Al peronismo, como a un árbol, cada tanto hay que podarlo para que vuelva a florecer fuerte y grande», metaforizó el alcalde.

Kirchner, escoltado por
Felipe Solá y José Manuel de la Sota, festejó la ocurrencia. Más tarde, al sonar la «marchita» -que no cantó- el Presidente buscó con la mirada al fueguino Jorge Colazo, el correntino Ricardo Colombi y al mendocino Julio Cobos para leerles los labios. Los tres son, se sabe, gobernadores radicales.

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