22 de febrero 2001 - 00:00

Ahora el precio del paro es de $ 187 millones

El presidente Fernando de la Rúa, tal como informó este diario, invitó a un grupo de empresarios y, sobre todo, a sindicalistas, a una reunión mañana. El motivo no es original: busca lanzar una nueva e inútil "concertación" que, en rigor, es un decorado para ocultar otro pacto con los gremialistas. El gobierno ahora pretende que los sindicalistas desistan del paro general que piensan realizar el 1 de marzo e incluso está dispuesto a pagar 37 millones de pesos ahora y también ofrecer $ 150 millones para después que, como siempre, irán a las "cajas" sindicales (obras sociales). Pese a esta serie de generosidades oficiales, aún así la CGT permanecía ayer dividida sobre la conveniencia política de apoyar a Fernando de la Rúa. Lo decidirán hoy, después de escuchar las opiniones de dirigentes intermedios del Gran Buenos Aires. Un paro caro.

La coreografía oficial ya está definida. Mañana a las 17.30 Fernando de la Rúa recibirá, por segunda vez en lo que va de su mandato, a empresarios y sindicalistas en la Casa Rosada para inaugurar una nueva mesa de diálogo. Ya lo hizo cuando debió disimular las modificaciones introducidas en la reforma laboral elaborada cuando Alberto Flamarique estaba al frente del Ministerio de Trabajo.

Ahora la nueva «concertación» intentará ocultar otro pacto con el sindicalismo: la entrega de 187 millones de pesos para las obras sociales, a cambio de que la CGT no realice el paro que está previsto para el 1 de marzo. Es el día en que De la Rúa debe abrir las sesiones ordinarias del Congreso.

Sin decisión

A pesar de que en la Casa de Gobierno ya están desenrrollando la alfombra roja para recibirlos, los sindicalistas todavía no decidieron si levantarán o no la medida de fuerza, decisión que deberían adoptar el lunes próximo. Tal vez lo resuelvan hoy, cuando verifiquen el tono de la asamblea de dirigentes intermedios del conurbano bonaerense, que se realizará en La Plata.

La liturgia oficial ya está determinada, como adelantó ayer este diario. Mañana, reunión de empresarios y sindicalistas con De la Rúa.

El Presidente realizará un discurso sobre la necesidad de colaborar en un momento difícil para el país. Y dedicará algún circunloquio a la conveniencia de que no le realicen una huelga.

Los gremialistas esperarán hasta el lunes y ese día, durante una reunión del consejo directivo de la CGT, divulgarán si indultan o no al gobierno. Un día después, el martes, en el Ministerio de Trabajo (acaso de nuevo con la presencia de De la Rúa) se distribuirán las comisiones que analizarán la agenda capaz de darle algún sentido a la «concertación» inaugurada mañana.

Los gremialistas Armando Cavalieri, Oscar Lescano y Rodolfo Daer transmitieron ayer a Chrystian Colombo y Patricia Bullrich las condiciones del acuerdo.

Antes de cualquier convenio debe aprobarse la resolución por la cual la AFIP comienza a girar a las obras sociales los $ 37 millones, de aportes de empresas cuyo destino fue mal registrado. Además, la CGT reclama al gobierno $ 150 millones más, en concepto de pagos de prestaciones de alta complejidad que la Superintendencia del Sistema de Salud estaría adeudando, según la central.

Esta última suma no está garantizada por el Ejecutivo, que sólo promete pagar si dan de baja el paro.

Pero tampoco De la Rúa tiene la seguridad de que, una vez liberado el pago de los otros $ 37 millones, los gremialistas no «agarren la plata y salgan corriendo».

Póquer

Esto quiere decir que, una vez conseguido el dinero, declaren otro paro dentro de 10 días. Como se ve, el pacto es una partida de póquer.

Las discusiones sobre el contenido del acuerdo seguirán desarrollándose hasta la semana próxima.

El martes está previsto que se creen comisiones de análisis sobre la reforma tributaria (pícaros, los gremios se hicieron representar por un ex profesor de Colombo, Raúl Cuello), el sistema previsional (insisten en la CGT en mantener la edad jubilatoria de las mujeres en 60 años, aunque disminuya la PBU), el régimen sanitario (es decir, la desregulación a las obras sociales, que los sindicatos pretenden voltear con una ley) y la política de crecimiento económico.

Festejo

Hasta anoche, en el oficialismo festejaban que se pudiera alcanzar un arreglo que, desde el punto de vista estético, impediría que De la Rúa deba bajar en helicóptero sobre el Congreso el 1 de marzo por tener la manzana tomada por manifestantes. Desde el punto de vista político, en Olivos creen que resulta conveniente no sumar el malestar de un paro a una situación política y económicamente muy complicada, como la que se verifica hoy en el país.
A muy pocos funcionarios se les ocurrió que un paro resulta una decisión incomodísima para los gremialistas.

Entre ellos, tampoco existía anoche consenso pleno sobre cómo llevar adelante la relación con el gobierno.

Se afectaron por las manifestaciones que realizó ayer el sindicalismo de izquierda -insultando a los acuerdistas-pero, sobre todo, temen que la expectativa creada en torno al paro no pueda ser disuelta en su propias bases.

Por eso será clave la asamblea que se realizará hoy en La Plata, con delegados de las CGT regionales de la provincia de Buenos Aires.

Allí los capitostes de la central obrera «semblantearán» el tono de los discursos, la combatividad de sus subordinados. Después se reunirán y decidirán si aceptan o no el convite del Presidente. Increíble: algunos de ellos ven tan mal el estado actual del gobierno, que ni por plata son capaces de apoyarlo.

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