¿Reuniones con Guillermo Moreno sí o no? Las empresas productoras de alimentos están velando las armas, aguardando ser recibidas a partir de la semana próxima por el secretario de Comercio, con la única intención de plantearle la necesidad de «hacer algo» con los precios, léase «retocar» los valores pactados hace un trimestre. La propuesta que llevarán estas empresas será permitir incrementos en los precios de los productos «consensuados», en función de que muchos de ellos tienen rentabilidad negativa.
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No hace falta demasiada imaginación para anticipar cuál será la respuesta del funcionario: podrán tener rentabilidad negativa en algunos productos, pero no global. En otras palabras: las ganancias que están recogiendo en el resto de lo que venden sobrecompensa lo que están dejando de ganar por los productos controlados. Es que el gobierno aspira (es un secreto a voces) a mantener «pisados» los precios al menos hasta marzo del año que viene (y no hasta fin de año, como algunos dicen); en ese contexto, es casi impensable que se acceda a las demandas de los empresarios.
¿Cuál será la alternativa? Podría pensarse entonces que los productores subirían algunos precios no controlados para tratar de compensar el congelamiento de los otros. Esa compensación no será sencilla ni necesariamente efectiva.
En realidad, de acuerdo con una versión recogida por este diario, la semana que viene será para que Moreno y Alberto Alvarez Gaiani -titular de la COPAL, la entidad que reúne a todas las alimentarias- hagan un cronograma de audiencias, o sea (y quizá pensando en la fiebre futbolera desatada por el Mundial) fijen una especie de fixture de los encuentros entre el gobierno y las empresas. Por eso, el lunes, en la reunión celebrada en la sede de esa cámara, el tema central fue quién va primero. Es un hecho que hay empresas con más urgencias que otras, pero también que nadie quiere hacer punta en esto de escuchar las bravatas y el duro discurso que suele esgrimir Moreno en esta clase de encuentros.
Legislación laboral
En tanto, ayer hubo reunión de Comité Ejecutivo de la Unión Industrial Argentina; estuvieron el presidente, Héctor Méndez, y el autopartista José Luis Basso, entre otros. Y si bien concurrieron tres representantes de alimentarias (el propio Alvarez Gaiani; Adrián Kaufmann Brea, de Arcor, y Federico Nicholson, de Ledesma), el tema central no fueron los precios de los alimentos. La «estrella» (además de Ronaldo, porque se almorzó con el televisor encendido en el partido Brasil-Ghana) fue el abogado Daniel Funes de Rioja. El flamante vicepresidente de la OIT explicó cómo estaba la situación en relación con los controvertidos proyectos de legislación laboral que impulsa el no menos controvertido diputado por la CGT Héctor Recalde. Allí Funes habría expresado (por primera vez desde que la UIA se lanzó a tratar de desactivar esos proyectos) una «lucecita de esperanza» a partir de algunos contactos que habría mantenido con funcionarios del gobierno.
La información provocó no pocas sonrisas entre los concurrentes y si Brasil hubiera perdido con el equipo africano (un día después de que se firmó el acuerdo automotor que permitirá incrementar 10% las exportaciones a ese país), la euforia de los empresarios argentinos habría sido completa.
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