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Jorge Telerman
Para Wagner, «la Ciudad tiene derecho a no dar permisos y quizá sea una medida prudente si se está afectando el ambiente. Las dudas están principalmente puestas en los jueces que podríanparalizar obras que ya están comenzadas, lo que sería inadmisible si los planos están aprobados», explicó.
Sucede que en la Ciudad de Buenos Aires, todos los edificios que se encuentran en obra fueron aprobados según el código de planeamiento local, una norma que rige desde 1977 con dos modificaciones posteriores. Los constructores no pueden comenzar una obra si no tienen la aprobación municipal (lo que no significa que en algún caso se haga) que comprende cuatro inspecciones en diferentes etapas de la obra. Entre los numerosos requisitos que debe cumplir un proyecto, se encuentra la presentación de una evaluación de impacto ambiental para los desarrollos que lo ameriten (según el destino, la zonificación y las características de la obra, varían los metros cuadrados mínimos que demanda un informe). También deben estar contratados en el plan original los servicios básicos como luz, agua y gas.
Los empresarios aseguran que la sobrecarga en el uso de los servicios públicos tampoco se debe a una afluencia de población hacia la Capital Federal motivada por la mayor oferta de departamentos. De hecho, dicen, la Ciudad mantiene la cifra constante de alrededor de tres millones de habitantes desde hace más de 50 años. En Miami, por ejemplo, la población crece a razón de 1,5% anualmente.
Alejandra Covello, operadora de la zona de Barrio Norte, comentó: «Siempre es importante cuidar el tema ambiental, pero también es cierto que el Estado debe contribuir en lo que le corresponde para que la infraestructura sea la adecuada. En Estados Unidos, cuando un desarrollador pide permiso de obra, es mucho más burocrático el trámite, pero el Estado descuenta en impuestos las obras de servicios que se hagan», explicó.
En cuanto al mercado inmobiliario, si esta medida se mantiene, las provisiones son que al no permitir desarrollos importantes en los terrenos, éstos pierden valor. Habrá menos oferta de unidades y, por lo tanto, mayores precios que los actuales.




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