7 de noviembre 2001 - 00:00

Aprobaron ayer en Washington el canje de la deuda argentina

El acuerdo con los gobernadores se ha convertido en la variable fundamental para que el "Nuevo Plan" de la Argentina comience a ser aprobado por el Tesoro de los Estados Unidos y por el Fondo Monetario Internacional. Este fue el mensaje más importante que remitieron a Buenos Aires Horacio Liendo y Jorge Baldrich, los dos funcionarios de Economía encargados de responder en Washington a los interrogantes de la administración de George Bush y del FMI sobre el nuevo plan lanzado en la Argentina. Desde la Casa Rosada les prometieron que, casi seguramente para hoy, podrían firmarse los papeles del nuevo pacto federal e, inclusive, divulgarse la foto de Fernando de la Rúa con los mandatarios de provincia, prevista anoche para cuando el Presidente regresara de Mar del Plata, adonde se trasladará para asistir al coloquio de IDEA. Liendo, asesor externo de Domingo Cavallo, y Baldrich, secretario de Hacienda, rinden desde el lunes una especie de examen minucioso delante del segundo escalón del gabinete de Bush: en la mesa interroga-dora están los segundos del Tesoro, del Departamento de Estado, del Consejo Nacional de Seguridad, funcionarios de la Vicepresidencia y también de la CIA, entre otras agencias.

En el Departamento del Tesoro, Liendo y Baldrich consiguieron convencer al subsecretario John Taylor y a su equipo sobre la buena arquitectura legal del canje de deuda local que está llevando adelante el gobierno. Colaboraron bastante las declaraciones, si no entusiastas por lo menos resignadas de los banqueros que visitaron ayer al Presidente. Pero quedaron dudas sobre el tramo internacional, que sigue siendo una incógnita, inclusive para aquellos que lo propusieron desde hace meses, como Paul O'Neill, el secretario del Tesoro.

El programa fiscal, según el informe que llegó ayer por la tarde a Economía, ofreció muchas dudas por parte de los funcionarios norteamericanos pero todos destacaron que de nada sirve analizarlo si no se cuenta con un acuerdo de los gobernadores que garantice el ajuste presupuestario. Ni Baldrich ni Liendo consiguieron precisar el impacto que tendrá sobre los números del presupuesto del año próximo el recorte en los gastos del Estado que se propone al Congreso. Este incluiría rebajas en los planes Trabajar, incentivo docente, gastos universitarios y fondos de asignación específica como el del tabaco.

• Reclamo

Los funcionarios del Fondo Monetario Internacional fueron todavía más reticentes que los de la administración norteamericana. A tal punto que reclamaron a Liendo y Baldrich que permanezcan un día más en Washington. Allí siguen sin aprobar el programa que propone la Argentina e insisten también con el acuerdo con los hombres de provincias como si fuera la clave de bóveda de cualquier ajuste. Además, en el fondo pidieron más precisiones sobre el impacto fiscal del paquete de medidas destinadas a la reactivación.

Las conversaciones con los funcionarios de los Estados Unidos y del Fondo fueron organizadas por la Cancillería en combinación con el embajador James Walsh, que representa a Bush en Buenos Aires. La visita prepara la que realizará Fernando de la Rúa a Nueva York y que tendrá como acontecimiento notorio una entrevista a solas con el presidente norteamericano. Los dos presidentes se van a encontrar el domingo a las 11 en el Waldorf Astoria y el objetivo de De la Rúa se concentra en que Bush presione sobre el Fondo en favor de la aprobación del programa argentino y un desembolso del tramo pendiente de u$s 1.260 millones que corresponden al cronograma pactado en el «blindaje» de enero. Para eso, además de las vallas técnicas, deberán vencerse dos resistencias determinantes: la aprensión personal de O'Neill y de Horst Köhler hacia Cavallo, con quien están enemistados por algunos dichos destemplados del ministro, públicos y privados.

• Temperatura

Cavallo tendrá posibilidad de verificar la temperatura que genera su modo de ser en esta gente, tan decisiva: viajará con De la Rúa y, tal vez, hasta participe de un tramo de la entre-vista con Bush. En cambio no se lo verá por Londres, donde tenía previsto viajar hoy. Una inasistencia que lamentaba ayer Jeffrey Bell, el oneroso encargado de relaciones públicas que suele contratar E c o n o m í a para organizar almuerzos con financistas en el elegante Reform Club (negocio en el que también participa Jacob Frenkel).

La principal incógnita que envuelve la entrevista entre Bush y De la Rúa tiene que ver con la manera en que los Estados Unidos podrían participar de una operación de ayuda al nuevo plan argentino. Ayer se seguía hablando de que los Estados Unidos participen con un bono «cupón cero» que se ofrecería como garantía del canje y también de la constitución de un fondo especial con recursos aportados por organismos multilaterales, de tal manera que pueden fortalecerse las reservas argentinas para ahuyentar corridas financieras o defender el tipo de cambio.

Los funcionarios argentinos especulan para conseguir alguno de estos respaldos con un factor sutil e impredecible: el halago que pueda significar para O'Neill, el secretario del Tesoro de los Estados Unidos, el cumplimiento de su profecía. Finalmente, el programa de déficit cero que se propuso hace un par de meses, durante la última negociación financiera con Washington, resultó «insostenible» y requirió de una reestructuración de la deuda. Los hombres de Cavallo pretenden involucrar ahora a O'Neill no sólo por el diagnóstico sino por la solución que se le ofrezca. Como si con la renegociación financiera de la Argentina el secretario del Tesoro se convirtiera en el padrino de un nuevo orden en las relaciones entre los inversores y los mercados emergentes.

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