No sólo por dirigirse directamente a Texas -el estado adoptivo del Presidente- parece el huracán Rita abatirse sobre el corazón de George W. Bush. Es que más allá de los destrozos y víctimas que pueda dejar a su paso, desde que se comenzó a mencionarlo la semana pasada, parece haberse cobrado un alto precio monetario sembrando la desazón entre los inversores (desde ya que otros factores también ayudaron, como la decisión o indecisión de la Fed, etcétera). En principio, podría pensarse que nos referimos a los efectos del incremento del petróleo, pero no. Aun con la suba de ayer a u$s 66,8 por barril, el precio del crudo registra un retroceso de más de 3% para lo que va de setiembre. Tampoco es el mercado cambiario el que ha llevado las de perder, ya que incluso considerando el movimiento en contrario de la víspera, el dólar avanzó en el mes a u$s 1,2219 por euro y 111,15 yens. El costo del dinero, tampoco, ya que apenas si se ha comportado como se esperaba y en 4,19% (bonos del Tesoro a 10 años) continúa debajo del último valor del año pasado. El problema es en el mercado accionario. Cuando arrancamos setiembre recordábamos que este ha sido tradicionalmente el peor mes del año para la inversión bursátil. Y sea o no culpa de los cataclismos climáticos, podríamos ver que la norma histórica se repite una vez más (aunque sea difícil superar el casi 3% que retrocedió el Dow en abril). Si decimos que ayer las blue chips perdieron 0,99% al cerrar en 10.378,03 puntos, puede parecer una insignificancia. Pero si decimos que fue el cierre más bajo de las últimas 52 ruedas, el panorama es bien otro (la diferencia entre máximo y mínimo fue de sólo 2,9%).
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