14 de noviembre 2000 - 00:00

Aún sin ayuda exterior, no está cerca el default

Hoy, en la Argentina, no existe ni presión cambiaria ni financiera. Por un lado, las reservas internacionales (a diferencia de México en 1994 y Brasil en 1998) se mantienen estables, en tanto que los dólares en cartera del Banco Central respaldan enteramente sus pasivos monetarios, lo que vuelve altamente improbable una devaluación en nuestro país. Por otro lado, la caída de 20% de los depósitos durante 1995 quedó atrás. En las crisis -la asiática, la rusa y la brasileña-los depósitos bancarios no volvieron a descender.

De todos modos, aun suponiendo una reiteración del tequila en nuestro sistema financiero-y dada la nueva estructura de los bancos (con extranjerización y depuración del mercado)- la simulación arrojaría una demanda potencial de liquidez no mayor a 10% de los depósitos, mientras que la oferta potencial de liquidez (considerando el exceso de encajes legales, el seguro anticrisis y sin hacer uso de la función de prestamista de última instancia) sería no inferior a 20% de los depósitos, dejando en evidencia por qué los inversores no retiran depósitos de nuestro sistema financiero.


Riesgo elevado

Sin embargo, más allá de estas tranquilidades, la dicha no es completa ya que el riesgo fiscal argentino se mantiene elevado. En la actualidad el riesgo-país argentino ronda los 900 puntos básicos (el sector público nacional tiene colocados títulos que ofrecen un rendimiento anual de 15% anual), situándose por encima del promedio latinoamericano de riesgo-país cuando en el segundo semestre del año anterior la relación era inversa. Observando a la región latinoamericana se destacan los «up-grade» de México y Brasil en 2000, según Moodys, en claro contraste con las perspectivas negativas del «rating» argentino, de acuerdo con el criterio de Standard & Poor's.

Algunos analistas alertan respecto del financiamiento requerido por la Argentina en el transcurso del próximo año. Sostienen que sin apoyo del Fondo Monetario Inte-nacional nuestro país podría caer en cesación de pagos (default) durante el primer cuarto del próximo año.


Por un lado, la Argentina necesita financiamiento por aproximadamente 30.000 millones de dólares en el año 2001, 20.000 millones el sector público y 10.000 millones el sector privado.


Por otro lado, el país podría disponer de 1.500 millones de prefinanciamiento (anticipados en el año 2000) originados por los principales inversores institucionales, renovaría 6.000 millones de amortizaciones de endeudamiento público «doméstico» sin mayores problemas, captaría de las AFJP casi $ 5.000 millones (entre nuevos aportes y renovación de intereses), dispondría de 4.000 millones de organismos internacionales (FMI, BID, Banco Mun-dial) y potencialmente usaría, por reducción de encajes (desde 25% actual hasta un igualmente robusto 20% de los depósitos) otros 4.500 millones de pesos o dólares. De este modo, la Nación dispondría, aproximadamente, de 70% de las necesidades de financiamiento del próximo año (sin apoyo «extra» del Fondo), extendiendo el plazo del desahogo fiscal hasta mediados del 2001.


Desconfianza

Del análisis anterior, si la Argentina no accede al mercado internacional de deuda voluntaria y sin nuevos préstamos del FMI, transcurridos 6 meses del siguiente año sin problemas de financiamiento para el sector público nacional, después el «de-fault» será el escenario de mayor posibilidad, con probabilidad «creciente» a medida que transcurra el tiempo. Todo indicaría que resultaría saludable fortalecer el vínculo de nuestro país con el Fondo Monetario Internacional, aunque no son pocos los que desconfían de las líneas de crédito que el FMI facilita a los países. Rusia y Brasil, aun con préstamos concedidos por el FMI no pudieron evitar las fuertes devaluaciones de sus monedas domésticas. Sin embargo, con el salvataje ofrecido a la Argentina en 1995 (incluso con el abandono previo del entonces ministro Cavallo al control del FMI) nuestra Nación pudo mantener el actual régimen de convertibilidad.

Hasta el momento, la Argentina estaría consiguiendo (según avancen las negociaciones) un paquete «total» de apoyo internacional y nacional por casi 20.000 millones de dólares. En realidad, se agregaría nuevo financiamiento por 10.000 millones de dólares, ya que el resto (lo suministrado por bancos en el país, las AFJP y el FMI) estaba disponible.


De esta manera, con los «nuevos» 10.000 millones, nuestro país tendría cubierto enteramente el próximo año, en lo que se refiere al total de financiamiento requerido, aun sin acceso al mercado internacional de capitales, desapareciendo, por lo tanto, el fantasma del «default» que rondaba en los mercados.


Sin duda que el descontado «paquete» de ayuda para la Argentina eliminaría el escenario de «cesación de pagos» durante el año 2001, provocando no sólo una disminución del riesgo cambiario, también seguramente descenderán fuertemente los rendimientos de la deuda pública con vencimientos a menos de un año. Si bien el próximo año se presentaría despejado, debe quedar claro que los 30.000 millones de dólares de financiamiento exigido se necesitan año tras año, en tanto que los recursos utilizados en el 2001 son, en su mayor parte, extraordinarios, sirviendo por única vez. Luego, será la «solvencia fiscal» la que garantice una evolución decreciente del riesgo-país de mediano y largo plazo, presentándose ahí los mayores interrogantes. De las medidas anunciadas el último viernes 10 de noviembre, resultan satisfactorias las promesas del futuro (como ser: la desregulación de obras sociales, la reforma del sistema previsional, la intervención de la ANSeS, el estudio para mejorar la administración tributaria, la extensión del compromiso federal congelando el gasto público primario de la Nación y de las provincias), aunque todavía deberán pasar los filtros que significan la propia administración nacional, el Parlamento y los gobiernos provinciales.


En cambio, lo que sí constituye un retroceso es el reconocimiento de un mayor «déficit fiscal» durante el año 2001 (que pasaría, inicialmente, desde 4.100 a 6.400 millones de pesos), violentando la Ley de Solvencia Fiscal, que intenta ser corregida a través de su modificación. ¿Tiene sentido una nueva ley de convertibilidad fiscal, después de su alteración, cuando queda claro que ésta puede ser nuevamente rectificada en caso de que exista otro incumplimiento? ¿Cómo creer en la promesa de congelamiento del gasto público primario después de no haber cumplido el prometido déficit fiscal de 4.100 millones de pesos para el año 2001? ¿Qué repercusión tendrá la decisión de Standard & Poor's, de bajar el «rating» de nuestro riesgo soberano, luego del reconocimiento «oficial» de un menor crecimiento económico y de un desequilibrio fiscal que supera en más de 50 por ciento el prometido para el año próximo?


Finalmente, luego de las últimas disposiciones efectuadas por las autoridades nacionales y con el casi seguro «paquete» de respaldo fiscal-financiero, desaparece el riesgo de «default» (año 2001), disminuyen el riesgo cambiario y el riesgo-país de corto plazo, aunque persisten las dudas respecto de la evolución del riesgo-país de largo plazo.

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