Tenemos que retrotraernos hasta 1995 para encontrar un arranque del cuarto trimestre del año tan bajista como el que estamos transitando. Sobre el grado de pesimismo imperante ayer, hay muchas maneras de medirlo. Tal vez una de las más ejemplificadoras la da el hecho de que por cada cuatro papeles que cerraron en baja, apenas uno lo hizo en suba. Podríamos hablar también del alza del costo del dinero, que según los bonos del Tesoro a 10 años trepó en la víspera a 4,453%. Si bien esta vez ello no fue acompañado de la revalorización del dólar (quedó en 114.38 yenes y u$s 1,2027 por euro), sirvió de todas maneras para llevar los papeles del sector bancario al mínimo de las últimas 52 semanas. Para algunos, Alan Greenspan y la Fed están exagerando con sus declaraciones, lo que no evitó que la gente de Merrill Lynch elevara sus proyecciones de los fondos federales a 4,5% para el año próximo y que los de Goldman lo sitúen en 6% a mediados de 2006. El petróleo se afirmó a u$s 64,12 por barril, un nivel según el cual la gente de Goldman Sachs reduciría el consumo entre diciembre y marzo próximos en u$s 24.000 millones. Puede ser que los datos anteriores parezcan ser demasiado "macro" como para impactar en lo "micro" del mercado, pero aun en esta escala la mayoría de las noticias no fue muy auspiciosa. En este escenario, 0,35% que perdió el Dow al cerrar en 10.216,91 puntos podría ser visto como un triunfo (la merma fue acompañada de un volumen elevado con 1.800 millones de papeles en el NYSE). Hoy se anuncia uno de los mayores déficit comerciales de la historia y mañana la suba de los precios minoristas. Precaución.
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