Emergentes: los bancos centrales empiezan a diferenciarse

Economía

Hasta el año pasado este club de países se movía casi en bloque. Ya no. ¿Qué está pasando?

Por el accionar de gran parte de los bancos centrales de países emergentes visto en las últimas semanas es insoslayable que han comenzado a tomar caminos diferentes en la conducción de la política monetaria. Es que a diferencia de lo visto en 2020, cuando hubo una adopción sincronizada de estímulos monetarios en casi todas las economías, incluidas las emergentes, ahora parece haber en este último grupo una división. Hay un grupo, que incluye países como Brasil y Rusia, cuyos bancos centrales comenzaron un proceso de ajuste de la política monetaria. Un segundo grupo, que incluye países como Colombia, México y Sudáfrica, que si bien no subieron las tasas de interés sí ajustaron el tono de la comunicación, reduciendo las posibilidades de nuevos recortes, señalando las condiciones necesarias para el mantenimiento de la política acomodaticia a partir de ahora o ya señalando la intención de retirar los estímulos. Y hay un tercer grupo, que se asemeja más al comportamiento de las economías desarrolladas, que ha mantenido un tono de política monetaria relajado por largo tiempo.

¿Qué explica o justifica el comportamiento de los dos primeros grupos? Hay en general tres razones por las cuales un banco central inicia un ciclo de altas tasas de interés: una alta tasa de inflación que es más que un shock temporal y contamina las expectativas de inflación futura; la percepción de una aceleración del crecimiento más allá de lo potencial; o un límite impuesto por condiciones financieras globales más restrictivas, que afectan particularmente la política monetaria de los emergentes. Al evaluar tanto las expectativas de inflación como de crecimiento la importancia relativa de las dos primeras motivaciones disminuye. Si bien hubo ajuste en las expectativas de inflación para 2021 no los hubo para 2022, y en el caso de la actividad hay una percepción de mayor crecimiento pero sin atisbos de sobrecalentamiento. Vale señalar que en la mayoría de los emergentes las tasas de interés son de un dígito anual al igual que la inflación (salvo la Turquía de Erdogan por ejemplo). Pero ocurre que los emergentes enfrentan a condiciones financieras cada vez más estrictas, ante la suba de la tasa de interés de largo en EE.UU. que ya comenzó a trasladarse en algunos países del primer y segundo grupo.

Ahora bien, los analistas debaten si seguirán viendo movimientos globales y algo sincronizados en las políticas monetarias emergentes, o se está en una fase de relativa normalidad en la que prevalecerán las características de cada país. En realidad pueden darse ambos. Ya que hay factores de tendencias globales como el comportamiento del dólar o la suba de tasas en EE.UU. Al respecto, hay cierto consenso en quede la tasa larga aún no alcanzó el equilibrio y todo dependerá de cómo evolucione la economía estadounidense en los próximos meses. “Si la tasa a 10 años regresa al nivel promedio de 2,25% a 2,50% observado en la última década, aún sería necesario incorporar un movimiento de alrededor de 100 puntos básicos en promedio a las tasas largas locales”, estiman los economistas Thiago Angelis y Fabiana D’Atri del Banco Bradesco. Pero hay un segundo conjunto de elementos relacionado con las características de cada país, donde la velocidad de inmunización y el consecuente retorno a la actividad económica normal son las claves. Cuanto más rápido tenga lugar este proceso, más rápido se normalizará la política monetaria. Sin embargo, las condiciones fiscales han sido un factor de diferenciación importante entre países. Además de la restricción a la capacidad de implementar políticas de estímulo fiscal directo, cuanto más deterioradas están las condiciones de las cuentas públicas, menos espacio hay para que la política monetaria estimule la actividad. Pero hay un dato no menor y es la buena performance de las cuentas externas de los emergentes. En general, los países han mejorado los saldos de la cuenta corriente y sus pasivos externos netos en comparación con la crisis financiera de 2008/09. Por lo que estos mejores fundamentos externos pueden limitar los movimientos en la depreciación de la moneda local en caso de una nueva ronda de apreciación del dólar. En tal sentido, las perspectivas todavía muy positivas para los precios de las materias primas solo refuerzan esta tendencia.

A pesar de las diferencias entre países, 2021 seguirá siendo un año de tasas bajas respecto del promedio histórico de emergentes. La política monetaria de los desarrollados aún tardará en normalizarse, y el propio comportamiento de la tasa en EE.UU., que se ha acomodado a un nivel de 1,5-1,6% anual en las últimas semanas, sugiere que una parte importante de las expectativas de inflación y crecimiento ya están cotizadas, requiriendo sorpresas adicionales para una nueva ronda de corrección. Sin embargo, de forma gradual y por diversos motivos, el entorno excepcional de tasas bajas en los emergentes comienza a revertirse paulatinamente”, advierten Angelis y D’Atri.

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