Porzecanski: "Suprimir las presiones devaluatorias con controles sólo posterga el problema"

Economía

El economista uruguayo, desde Estados Unidos, analizó las medidas tomadas por el BCRA y su impacto en las variables financieras.

El economista uruguayo Arturo Porzecanski fue uno de los pioneros en el análisis económico y financiero sobre mercados emergentes. Cuenta con una trayectoria de décadas en Wall Street y en los últimos años se ha desempeñado como docente en la American University, ubicada en Washington D.C. Desde Estados Unidos dialogó con Ámbito acerca de los pasos recientes de la economía argentina.

Periodista: ¿Qué evaluación hace de cómo reestructuró su deuda externa Argentina?

Arturo Porzecanski: Me alegró de que en los últimos meses por fin hubo un proceso de negociación en vez del diálogo de sordos que vimos de marzo a mayo y ni que hablar de usar el default como una herramienta para forzar un perdón unilateral, como ocurrió en 2002-2005. Lo que presenciamos demostró el haber aprendido las lecciones del pasado, ya que haber violado tantos contratos por casi quince años generó un sinnúmero de pleitos en las cortes y los foros arbitrales del mundo que perjudicaron a la sociedad argentina y beneficiaron a los abogados de los contrincantes. Pero, en mi opinión, haberle dado prioridad a una reestructuración de los bonos emitidos bajo ley extranjera en ausencia de un programa económico viable nunca tuvo sentido, algo que los acontecimientos en marcha están dejando en evidencia. Después de toda reestructuración los precios de las nuevas obligaciones suben, mientras que aquí han caído.

P.: ¿El riesgo-país actual es un castigo exagerado?

A.P.: Refleja la triste realidad de un país que, aunque impactado como otros por el coronavirus, se lo percibe mucho más a la deriva, sin un marco legal, de trayectoria jurídica y reglas del juego económico que inspiren confianza. Lo que el mercado nos está diciendo es que, aunque el servicio de la deuda bajo ley extranjera es muy liviano, todavía hay muchos interrogantes y riesgos que no han sido aliviados.

P.: ¿Cómo prevé que transcurra la negociación entre Argentina y el FMI?

A.P.: Los grandes repagos están programados para comenzar a partir de septiembre de 2021, de manera que pienso que las autoridades argentinas van a seguir coqueteando con sus pares del Fondo hasta bien entrado el año que viene. En general, los gobiernos acuden al Fondo para recibir sus consejos, financiamiento, y espaldarazo, pero tengo la impresión de que aquí no hay tal actitud con respecto a ese organismo y, por ende, no va a haber apuro. Tal como viene la trayectoria económico-financiera, creo que el poder negociador del equipo económico argentino va a disminuir durante los próximos meses, y probablemente tengamos un primer recambio antes de que se logre un acuerdo. Todo este gasto público, toda esta monetización del déficit fiscal y las medidas que se están tomando atentan contra la previsibilidad y la confianza. Y hay que sumar la inexorable tendencia hacia mayores niveles de inflación, desocupación y pobreza. El Gobierno no puede seguir ignorando la raíz de sus problemas: la falta de un programa económico procrecimiento.

P.: ¿Cómo observa las medidas anunciadas por el BCRA y qué impacto cree que pueden tener en las variables financieras?

A.P.: Suprimir las presiones devaluatorias con más controles de cambio posterga, pero no resuelve, el problema, así como suprimir las presiones inflacionarias con más controles de precios, o seguir postergando los despidos con más prórrogas decretadas, tampoco resolvería esos otros problemas subyacentes. Hay buenas razones por las cuales la demanda de dólares es casi infinita a precios considerados relativamente bajos, dada la falta de confianza en las perspectivas económicas y oportunidades financieras de Argentina. Pero también hay otras actitudes y decisiones de carácter político, como la ley de alquileres, la de teletrabajo, la suspensión de despidos, los congelamientos de precios y la embestida contra jueces federales que investigan la corrupción, que atentan contra la estabilidad financiera, al desincentivar la inversión en activos que no sean los puros dólares.

P.: Más allá de las medidas, ¿había apetito en inversores por ingresar a la Argentina?

A.P.: No creo. En parte por el desastre y la incertidumbre causada por la pandemia. Pero tampoco había apetito en el exterior por comprar activos en la Argentina, ya que casi nadie le cree al espejismo de los rendimientos altos. Ya casi nadie quiere invertir en un país que demuestra una y otra vez que las reglas del juego cambian constantemente, dependiendo de los vaivenes políticos. En un año se liberalizan los controles de cambio y se les da entrada a los capitales y al otro se cierran las puertas de salida y los que entraron quedan atrapados. En un momento se congelan los precios, causándoles pérdidas a las empresas, y en otro se liberan para que puedan recuperarse un poco. En un período se respetan los derechos de propiedad y en otro se rompen los contratos. Por unos meses las tasas de interés son positivas y luego en muchos otros son negativas. En una fase la tasa de cambio se retrasa y en otra se adelanta.

P.: ¿En el sector corporativo argentino ven oportunidades para los inversores?

A.P.: No, porque las corporaciones y los bancos son meros rehenes del Gobierno y los riesgos financieros lo tienen que reflejar. La decisión del BCRA de obligar a las empresas privadas a refinanciar sus vencimientos de deuda con el exterior, con una importante reducción de los pagos venideros, los pone en un aprieto con respecto a sus acreedores y les cierra las puertas de acceso a nuevos créditos del exterior.

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