Bienvenida sea la burbuja en el precio de las materias primas
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No sorprende que esto haya desencadenado la toma de medidas contra los especuladores. Este mes India expandió su veda de la negociación de futuros de alimentos, que incluyen la soja, las papas y los garbanzos, en un intento de frenar los incrementos de los precios. En Estados Unidos, Joseph Lieberman, presidente de la Comisión de Seguridad Interna y Asuntos Gubernamentales del Senado, indicó que quizá sea necesario aprobar leyes para limitar las posiciones de los grandes inversores en materias primas.
A muchos alemanes les gustaría hacer algo similar. «La principal causa del encarecimiento de los alimentos son los especuladores financieros, y en este sentido son realmente una plaga de langostas», afirmó Gerd Sonnleitner, presidente de la asociación de agricultores alemanes, este mes. «A las langostas no les interesa el arroz o la leche o la gente. Sólo les interesan las fluctuaciones del mercado.»
En cierto sentido tienen razón. Esta «plaga» estuvo haciendo de las suyas. Como el secretario general de la OPEP, Abdalla el-Badri, dijo este mes que los especuladores están desempeñando un «papel importante» en el encarecimiento del petróleo. Lo mismo puede decirse de las materias primas y los alimentos.
No obstante, se equivocan en pensar que eso es malo. He aquí la razón.
Primero, hay que aumentar la producción de crudo. La Agencia Internacional de Energía calcula que el consumo mundial de petróleo aumentará a 98,5 millones de barriles al día para 2015, desde 84,6 millones en 2006. Para 2030, habrá subido a 116,3 millones. Para extraerlo del subsuelo y ponerlo en las estaciones de servicio se requerirá más exploración, producción, refinación y distribución. Sólo hay una manera de que esa inversión se movilice: ocasionar un aumentode los precios que empiece con un frenesí de compra de activos petroleros.
Por otro lado, el mundo desarrollado tiene que empezar a utilizar el combustible de manera más eficiente. Si China e India empezaran a consumir tanto crudo como Europa y Estados Unidos, no sólo se necesitará más oferta. Y si va a combatir el cambio climático, hará falta reducir la contaminación también.
Para que eso ocurra, el comportamientodebe cambiar. Esto significa que habrá que reemplazar las 4x4, que consumen mucha nafta, por autos híbridos. Los trenes de alta velocidad deberán reemplazar a los aviones como el medio de transporte estándar para cubrir distancias de hasta 1.609 kilómetros. Habrá que rediseñar las casas para utilizar menos energía, y más de esta debe provenir de fuentes solares y eólicas. Todo esto es caro y requiere un trabajo arduo. Los políticos están demasiado nerviosos para imponer los impuestos necesarios para que eso ocurra.
Por último, hay que cambiar la política agrícola. Si la India y China se vuelven tan ricas como Europa y Estados Unidos, el mundo necesitará muchos más alimentos. Eso significa modificar la manera en que se maneja la agricultura, que, en Europa al menos, fue más para preservar los empleos agrícolas, y cuidar el paisaje, y menos para maximizar la producción. Países como Alemania, con mucha tierra fértil y poblaciones que se contraen, deberían convertirse en importantes exportadores de alimentos. Claro que esto no va a ocurrir a menos que un aumento masivo de los precios lo vuelva necesario.
Para que el comportamiento cambie siempre se requiere un golpe fuerte al sistema. Eso es lo que está produciendo la burbuja especulativa de los precios de las materias primas.
Quizá no sea lindo ni cómodo, pero el mercado está haciendo el trabajo, razón por la que se debe celebrar la burbuja y no condenarla.




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