Bonistas reaccionan con escepticismo

Economía

Las primeras evaluaciones de analistas de los fondos de inversión que tienen en su poder la deuda argentina arrojan “dudas y una cuota de decepción”, tras conocerse el viernes pasado los lineamientos generales del ministro de Economía, Martín Guzmán, para renegociar la “no sostenible” carga que en esta materia afronta el país, según las palabras del propio titular del Palacio de Hacienda.

El ministro caracterizó a la coyuntura actual como una “crisis económica mayúscula con una situación social dramática” y advirtió que “ya no hay más espacio para seguir contrayendo el gasto público” dadas las necesidades de la Argentina y el objetivo de recuperar la economía.

Tras estimar que la deuda soberana llegó el año pasado a 88,8% del PBI -69% es en divisas-, señaló que “la trayectoria de la deuda es insostenible si se parte de supuestos realistas de superávit primario (antes del pago de intereses) y crecimiento de la economía”.

Explicó que es imposible afrontar el pago de la deuda por el creciente peso de los intereses, pese al recorte que sufrió en estos años el gasto público. Así, la carga de intereses en términos del PBI pasó de 1,3% cuatro años atrás a 3,3% en 2019. En el mismo sentido, precisó que el año pasado el pago de intereses llegó a representar 18,4% de todos los ingresos del Gobierno central, es decir, un nivel cercano al de 2001, cuando fue de 20,2%.

La deuda “no es afrontable dadas las críticas necesidades sociales”, aseveró Guzmán. Estimó que las necesidades brutas de financiamiento para los próximos cuatro años, sin ajustes, ascienden a u$s300 mil millones. Para tener una idea de la magnitud de los compromisos de deuda acumulados para los próximos años, mostró un gráfico en el que se observa que las necesidades brutas del Gobierno para 2020 llegan a 22% del PBI y rondan entre 17% y 18% en los tres años siguientes, magnitudes que Guzmán calificó de “no financiables”.

Las proyecciones de Guzmán arrojan que la Argentina tendrá déficit fiscal este año y el próximo, el superávit recién se lograría en 2023, pero de sólo entre 0,1% y 0,5% del producto. Señaló que un superávit fiscal de 2% o 4% del PBI “no es ni política ni socialmente posible”. Si bien reconoció que “estamos frente a un problema real que debe ser resuelto”, también consideró que la proyección del esfuerzo fiscal debe hacerse sobre “bases realistas” y a modo de referencia recordó que, desde 1961, sólo en 10 años la Argentina tuvo un excedente fiscal de 1% o más.

El esquema presentado por el funcionario argentino señala como “objetivos de mediano y largo plazo de superávit primario que oscilen entre 0,8% y 1,2% del PBI.

Más allá de que el ministro convocó a los bonistas a participar, en el transcurso de la semana que comienza, en “discusiones constructivas sobre el marco macroeconómico presentado” su exposición generó distintas críticas. Una de las más reiteradas fue la falta de precisiones en cuanto a los fundamentos que dan lugar a las proyecciones. “Nos tiró sólo un Excel con cuatro variables, pero no nos dijo nada sobre cómo se llega a estos resultados, no sabemos nada sobre cuál es el plan que la Argentina tiene para los próximos años”, se escuchó. Peor aún, algunos criticaron que hasta el ministro se cubrió señalando que sus estimaciones fueron realizadas antes del impacto del coronavirus.

Otros observaron que en la presentación hubo datos no del todo correctos: “El nivel global de endeudamiento es exagerado porque incluye del sector público, que debe ser descontado, y si no se hizo fue para mostrar que el país tiene un ratio de endeudamiento mayor”, afirman.

Por otra parte, analistas internacionales salieron al cruce de las versiones que circularon en las últimas horas en cuanto a que, tras la declaración de “no sustentabilidad” de la deuda argentina por parte del FMI, los fondos buitre verían limitada su capacidad de litigar contra el país en un eventual escenario de default. “Se equivocan mucho si creen que esa declaración del Fondo puede llegar a tener una incidencia en el reclamo que pudiera hacer cualquier bonista en los tribunales de Nueva York”, sostuvo un analista.

L.F.

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