Boom inmobiliario en la Villa 31: gracias, Macri
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La Villa 31
siguió
creciendo
en los
últimos
cinco años,
aunque
apoyada
sobre la
Autopista
Illia. Pero
desde que
Mauricio
Macri
anunció su
erradicación,
ese
desarrollo
se convirtió
en boom
inmobiliario.
Todo eso a pasos de la estación de Retiro y a una cuadra y media del Patio Bullrich.
Más allá de los problemas habitacionales que corroen a la clase trabajadora en el país, esos asentamientos significan también un excelente negocio inmobiliario, más aún allí, en Retiro, donde los hoteles de 5 estrellas, las torres de oficinas y la ampliación del puerto esperan desde hace años.
Por eso se ha transformado en una inversión interesante para el delito medianamente organizado el pagar a quien ocupe allí un terreno. El costo de construir una vivienda, en general sin los más básicos requisitos de sanidad, y « pagar» el terreno al administrador del mismo -red de jefaturas dentro de la villa que funciona con singular eficiencia- ronda los $ 3.000. Pero el retorno para el inversor supera al de muchos otros activos: en tres o cuatro años pueden obtener más de $ 20.000 cuando el gobierno aparece a negociar para erradicar la villa. A nivel internacional, esa tasa de retorno es imposible de conseguir.
A todo este panorama, Macri le sumó más complicaciones. «Hay que urbanizar la 20, como también la mayoría de las villas. Ahí, mientras no nos ceden las tierras podemos ayudar, pero en la 31, en cambio, no. A la 31 hay que erradicarla, porque es una zona vital para resolver los problemas logísticos del puerto.» Lo definió así el nuevo jefe de Gobierno porteño ya en mayo de este año.
Y fue más allá, desalentando cualquier especulación sobre empresas amigas interesadas en retomar el proyecto inmobiliario del Gran Retiro, aclaró: «Eso puede ser en una pequeña parte, al lado de avenida Del Libertador. Pero el grueso de las tierras tiene que ir al sistema portuario».
Todas esas declaraciones fueron acompañadas de precisiones sobre los «edificios» de la Villa 31 que cualquier porteño puede apreciar hoy cuando sale por la avenida 9 de Julio y toma la Autopista Illia en dirección al Aeroparque: «Las edificaciones son lo más violatorio de los derechos humanos que vi en mi vida. Claramente hay que reubicarla». Algunas de esas casas parecen mantenerse en pie sólo por un milagro y será responsable de cualquier accidente la desidia de los gobiernos comunales que permitieron que se desarrollara esa forma de vida, en lugar de incentivar, sin demagogias, otros barrios de condición más humana.
Pero el mensaje de Macri ya estaba mandado y el proceso de crecimiento se aceleró.
En mayo de este año una protesta de los habitantes de la 31 impidió la salida de micros de la terminal de Retiro, ante el corte de luz en sus viviendas. Reconocieron no pagar factura alguna a Edenor y Edesur y exigieron a Jorge Telerman que instalara medidores. Un mes antes habían cortado la autopista en reclamo de cloacas.
Por esa misma época, Telerman terminaba el nuevo paredón con alambrado de seguridad en la parte superior para separar la cinta asfáltica de la autopista de la 31 bis. El avance de las casas era tal que los pisos más altos de algunas casillas comenzaron a apoyarse sobre el borde superior de la autopista. Para ese entonces, la villa había saltado por encima de las vías y se inauguraba una nueva zona, de casas mucho más precarias, hacia la avenida Del Libertador.
Desde el anuncio de Macri se sabe que tarde o temprano habrá negociaciones con el Gobierno porteño por la reubicación. Hoy las villas 31 y 31 bis no tienen límite y su permanencia cuenta con el apoyo de todas las asociaciones de derechos humanos y en especial de Madres de Plaza de Mayo, dispuestas ya abiertamente a complicarle la vida a Macri. Ese paredón nuevo de Telerman es la medianera sobre la que comenzaron a apoyarse nuevas construcciones. Sin duda, cada día que pasa le saldrá más caro al jefe de Gobierno cumplir con la promesa.




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