El Gobierno de Brasil pretende reimpulsar el impuesto al cheque y, así, recaudar unos 80.000 millones de reales (27.000 millones de dólares), para poder costear el cuadro recesivo y la caída en la recaudación fiscal, aunque todavía no fue presentada de manera oficial.
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El ministro de Hacienda, Joaquim Levy, sostuvo en la radio CBN, que "no hay otra alternativa" que relanzar dicho impuesto "porque es la única forma posible" para que el presupuesto de ingresos y gastos de 2016 no posea signo negativo.
El proyecto, que precisa la sanción del parlamento, fue ampliamente cuestionado y rechazado en múltiples ámbitos de la economía brasileña, como en la Bolsa de Valores de San Pablo, en la Confederación Nacional de la Industria y en la Federación de Industrias de San Pablo.
El titular de esta última, Paulo Skaf, dijo que "si el ministro de Hacienda no es competente para resolver la cuestión económica con otro camino que no sea el aumento de impuestos es mejor que haga las maletas y se dedique a otra cosa".
Por otro lado, el titular del Senado, Renán Calheiros, manifestó que le preocupa mucho la creación o relanzamiento de nuevos impuestos, a lo cual, el presidente de la Cámara de Diputados, Eduardo Cunha, aseguró que "el gobierno sufrirá un desgaste y no dará resultado".
El impuesto al cheque fue creado durante el gobierno de Fernando Henrique Cardoso (1995-2003) como una "contribución provisoria", cuyos fondos serían destinados a la salud.
El presidente Lula da Silva (2003-2011) lo prorrogó durante un tiempo y quiso convertirlo en un impuesto permanente, pero el parlamento no lo aprobó. Hoy, Dilma Rousseff, con un 71% de imagen negativa y una economía en contracción, lo impulsa nuevamente.
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