30 de enero 2003 - 00:00

Cada argentino come 12 kg menos de carne por año

La caída de 26% en las ventas en los supermercados durante el año pasado, grave de por sí, lleva implícita una realidad mucho más fuerte aún, tal es la marcada disminución en el consumo de alimentos que viene registrando el promedio de la población. Concretamente, a lo largo del año pasado los argentinos disminuyeron alrededor de 12 kilos su ingesta de carne vacuna y casi 8 kilos la de pollo. Es decir que, anualmente, prácticamente se comen 20 kilos menos de proteína animal por habitante.

Pero esto, que podría ser interpretado por algún voluntarioso como un cambio en los hábitos alimentarios, o por el colesterol, o porque de golpe todos se volvieron vegetarianos, se complementa con una caída de la demanda de más de 40 litros de leche por habitante y por año, con una baja en la demanda de huevos de 10 unidades promedio por persona, con una reducción cercana a 40% en la carne de cerdo y chacinados, y con prácticamente ningún incremento en otros rubros equivalentes o no (harinas, pescado, etc.). Lo que significa, lisa y llanamente, que no hubo sustitución de alimentos. Sólo se come menos.

Así, la demanda interna en carne vacuna pasó de unos 67 kilos (por habitante/año) a fines de 2001 a alrededor de 55 en noviembre-diciembre pasado (-18%); la de pollos, de casi 26 a menos de 18 (-30%) como promedio anual; la de huevos, de 154 a 144 unidades anuales (-6%); la de cerdo y chacinados, de 7-8 kg a alrededor de 4 (-40%-50%), y la de leche, de 200 a 160 litros (-20%), aunque en este rubro se incluyen las fuertes compras oficiales para los programas alimentarios.

•Exportaciones

La baja de la demanda, a su vez, permitió algunos incrementos en las exportaciones, aunque en casi todos los casos fueron muy relativos respecto de la caída de volumen del consumo local. En huevos, por caso, mientras el consumo interno cayó en más de 300 millones de unidades anuales, la exportación se incrementó en algo más de 21 millones, al pasar de 23,4 a 45 millones de unidades exportadas durante 2002. De ahí que, en casi todos los rubros, la baja en las ventas internas de alimentos haya sido acompañada con significativas reducciones en la cantidad de establecimientos productores, tal el caso de granjas avícolas o, más emblemático aún, lo ocurrido con la actividad tambera, que cayó cerca de 30% su volumen (alrededor de 3.000 millones de litros menos), con cierres, liquidación de rodeos y dedicación a otros rubros. Y, si bien estos datos negativos sirvieron, al menos, para que la inflación minorista no se dispara tanto y cerrara el año en el rubro Alimentos y Bebidas con «apenas» 58%, según el INDEC, plantea un serio interrogante a corto y mediano plazo.

•Sin respuesta

Es que, ante la más mínima recuperación del consumo, hay muchos sectores que no tienen oferta para responder ni capacidad de reacción productiva en el corto plazo, lo que, obviamente, sería inflacionario, excepto, claro está, que se importe pero, ¿quién se anima, políticamente, en la Argentina de los alimentos, a importar leche o trigo?, y ¿desde dónde?, ¿de los países que subsidian y tienen entonces excedente de producción? La amenaza, mucho más cercana de lo que algunos creen, fue, por ejemplo, una de las fundamentaciones para que los sectores productivos presionaran recientemente por el aumento de los aranceles lácteos extra-Mercosur, como una de las formas más automáticas de desalentar una eventual importación. Pero, sin llegar a situaciones tan críticas, el tipo de cambio alto favorable para exportar se enfrenta, irónicamente, con una caída de la producción a la que, salvo algún rubro como la soja (que, desde que se llevan registros sistemáticos, en 1942, viene creciendo en forma constante y, además, prácticamente se exporta toda, como grano o como aceite), sólo le quedan excedentes exportables gracias (¿) a que los argentinos están a dieta.

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