En el «obscuro» negocio del café, hay algo claro: las cadenas internacionales tipo Starbucks nunca llegarán a la Argentina. No sólo las corren los vaivenes de la economía local e inseguridades jurídicas varias, también el hecho de que hay 35.000 bocas de venta de «express» sólo en Capital y GBA, que satisfacen ampliamente la necesidad de cafeína de una población con «cultura» de esta clase de consumo.
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Sin embargo, en la última década han florecido cadenas nacionales que encontraron el «mix» entre el concepto de unificación de imagen y producto de los estadounidenses, y la idiosincrasia de la medialuna y el pocillo de los argentinos (Starbucks vende sus «blends» en tazas de cartón). Así, surgieron, se mantienen y crecen The Coffee Store, Martínez, Bonafide, Havanna, Aroma y algunas otras, todas ellas de accionistas locales. De todos modos, cabe señalar que entre todas ellas no superan el centenar y medio de sucursales, cifra que empalidece ante los 35.000 locales de «gallegos» que copan las principales esquinas del área metropolitana.
Aun así, el «modelo argentino» comienza a exportarse: The Coffe Store ya abrió cinco locales en Madrid -asociado a un operador local-, dos en Uruguay y está a punto de poner un pie en Chile. Las otras cadenas también se preparan para salir del país. «Nuestro plan de negocios prevé la apertura de una franquicia por mes sólo en la Argentina, hasta los 70 locales», dice Sebastián Kantor, CEO y socio principal de The Coffe Store. Esta empresa, que comenzó como un emprendimiento justamente para tratar de traer al país la «master franchise» de Starbucks, abrió su primer local en 1998, y hoy tiene 26 sucursales (cinco propios, el resto franquicias). «Nuestro próximo paso es ir al interior; el primer local está en Alto Rosario, pero estamos mirando las principales capitales del país», agrega Kantor, que antes fue gerente de Aerolíneas Argentinas y de la Clínica Stamboulian.
Según el empresario, esperan cerrar 2005 con una facturación de $ 16 millones, contra los $ 10 millones del año anterior. A eso debe agregársele u$s 1,5 millón que vendió su filial española. «Esperamos abrir dos más en Uruguay y cerrar en las próximas semanas con nuestros socios estratégicos en Chile», dice Kantor. A pesar de la diversificación de productos, el café en pocillos sigue representando 48% del total de la facturación de la cadena.
Por su parte, Gustavo Sánchez, gerente general de Havanna, dice que prevén «abrir 15 locales más este año», que se sumarán a los 47 propios y 98 franquicias que ya operan con la marca nacida en Mar del Plata. La empresa es del fondo D&G, que manejan los ex Citi Guillermo Stanley y Carlos Giovanelli, junto con el ex BNA Crystian Colombo. A diferencia de las otras cadenas, Havanna no tiene al café como su negocio principal: sólo 10% de su facturación (cuya cifra no revelan) proviene de la infusión. «El resto son productos Havanna, fundamentalmente alfajores, claro», revela el ejecutivo.
También, a diferencia de lo que hace The Coffee Store -que ofrece 16 clases diferentes de «blends»-, Havanna sólo vende una mezcla elaborada para ellos por la también marplatense Cabrales, que tomó el lugar de la italiana Illy después de la devaluación. «La expansión se dará más en el interior que en el área metropolitana: estamos abriendo en Salta, Neuquén, Córdoba (tres locales) y Tandil, entre otros destinos», dice Sánchez. Ellos también llevaron el concepto a Chile, donde funcionan ya 16 Havanna Café, y a Paraguay (cuatro). «En Europa por ahora tenemos distribución de producto, no cafeterías, que podrían llegar en una segunda etapa», dice.
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