Caló, más cerca de voltear a Moyano

Economía

La bendición de Néstor Kirchner le duró apenas un suspiro a Hugo Moyano. La alfombra roja, con elogios y abrazos, que el ex presidente le tendió el martes en el PJ no alcanzó para desintegrar la embestida que se gesta para tratar de desplazarlo de la CGT.

El dato más poderoso se conoció ayer: Antonio Caló, jefe de la UOM, evalúa la posibilidad firme de anunciar su candidatura a secretario general de la central obrera, butaca que ocupa Moyano y que, el camionero, pretende seguir manejando por otros cuatro años.

Entre idas y vueltas, a lo largo del último mes, el metalúrgico dijo aquí y allá que estaría dispuesto a pelear por la jefatura sindical si se producía una especie de «operativo clamor» para que acepte. Esta semana, la determinación está en etapa definitiva.

Ayer, desde la UOM, se limitaban a explicar que el gremio pretende un lugar « relevante». Traducción: los metalúrgicos quieren mucho más que la Secretaría de Industria que le reserva el moyanismo. Es decir; la General o, como mínimo, la Adjunta o la Gremial.

Asimismo, en la sede de la calle Alsina, explican que Caló, en persona, ha dicho que no está en sus planes pelear por la jefatura de la CGT y que, hasta ahora, no está saldado el debate interno respecto a si un cargo en la cúpula lo ocuparía Caló u otro dirigente metalúrgico.

Movimientos circulares, el tono cuidadoso que le impone Caló a sus acciones, se contrapone que el activo patrocinio que Francisco «Barba» Gutiérrez, alcalde de Quilmes y miembro del secretariado de la UOM, ejerce en la Casa Rosada a favor del jefe metalúrgico.

En esa tarea no está solo: se atribuye a Carlos Kunkel, que comparte amistad con Caló, y el senador Nicolás Fernández ser otro de los que susurran al oído de Cristina de Kirchner la conveniencia, y la oportunidad, de cambiar camionero por metalúrgico.

Sin embargo, esas maniobras son interpretadas en el ámbito gremial como un juego de posiciones: como Moyano se resiste a entregar la adjunta, donde quiere mantener a José Luis Lingieri, y la gremial, que reserva para Omar Viviani, la UOM presionaría para mejorar su posición negociadora.

  • Datos

    Así y todo, detrás de la jugada de Caló, hay otros datos poderosos que suman inquietud al mapa sindical. Veamos:

  • De a poco, pero permanente, parece producirse una sangría entre los socios de Moyano. Al aeronáutico Ricardo Cirielli, que dejó ese espacio, se le sumarían los municipales de Buenos Aires que integran COEMA, conducido por Oscar Ruggero. También es ambigua la posición de UTA, que conduce Roberto Fernández, y mantiene un trato áspero y distante con el camionero. La UTA fue, mientras la gobernó Juan Manuel Palacios, el principal soporte de Moyano fuera de su propio gremio. A Palacios, además, se lo considera el estratega histórico del núcleo-MTA, sello que acuñó Moyano durante los 90, antes de volver en 2004 a la CGT. La UTA, junto a los municipales que desafían a Amadeo Genta y a Cirielli marchan, en apariencia, a alinearse en un espacio opositor a Moyano.  

  • Inagotable, Luis Barrionuevo se relame con la posibilidad de una postulación de Caló mientras, por las suyas, junta votos. Sus laderos lo escuchan pronosticar, casi bíblico, que «se termina la CGT de De Vido». Programa un precongreso para el 7 de julio donde, promete, dará a conocer la cantidad de congresales que reúne y que, números al aire, sostiene que son unos 500. El gastronómico no computa como propios a sectores de los «gordos» ni, claro, a la UOM (que tiene 140 congresales). Menos que menos a Gerardo Martínez (UOCRA) y Andrés Rodríguez (UCPN), que se mueven líberos pero aparecen levemente volcados hacia Moyano. No por convencimiento sino porque, advierten, la simpatía de Kirchner está con el camionero. De aquel número, Barrionuevo debería descontarlos «congresales» que la CGT le borró a unos 10 gremios luisistos con el argumento de que son morosos en su cuota de pertenencia a la CGT. Hay abogados trabajando que pedirán auditorías. Ese término irrita, de sólo mencionarse, a cualquier gremialista.

  • Al acecho, los «gordos» esperan. Habían apostado a Caló, a quien ven demasiado encerrado en la lógica de la UOM, pero luego decidieron replegarse a orejear para, cuando sea el momento, hacer valer su caudal de congresales. Pero todo está convulsionado. De eso puede dar fe, Armando Cavalieri, que el lunes reunió al directorio de su gremio y se encontró con que, mayoritariamente, están en desacuerdo con la reelección del camionero en la CGT. «Cualquiera menos Moyano» escuchó, como un salmo, Cavalieri que llegado el momento si quiere negociar con el actual jefe de la CGT deberá, una vez más, hacer gala de su prestidigitación política.
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