12 de agosto 2005 - 00:00

Campos valen 80% más que en convertibilidad

Campos valen 80% más que en convertibilidad
El valor de los campos agrícolas y ganaderos mejor ubicados en el país subió hasta 80% desde 2001. Para los operadores del sector, estos valores son altos, y nada indica que bajarán en el corto plazo, principalmente porque se han constituido en una de las mejores alternativas de inversión con creciente demanda.

Antes de la devaluación, un campo en la llamada zona núcleo (norte de Buenos Aires y sur de Santa Fe) se pagaba cerca de 3.500 dólares la hectárea. Hoy, por el mismo campo, se pide u$s 6.000 la hectárea. Y no se trata de un caso aislado.


En contra de los pronósticos de los analistas inmobiliarios, ni cuando bajó el precio de la soja, principal cultivo del país (a fines del año pasado), cayeron los valores de los campos disponibles para sembrarla. Tampoco, con la caída en los precios internacionales de otros granos.

«Si bien es cierto que la capacidad de producción de la tierra es determinante en su cotización, la volatilidad de los precios internacionales de los commodities no dañó los valores de los campos porque los inversores ven estas hectáreas como colocaciones de capital a largo plazo rentables ante la falta de otras alternativas», dijo a este diario José Rozados, de Reporte Inmobiliario.
Esto explica también por qué durante los últimos meses los valores de la tierra tampoco subieron considerablemente ante el nuevo crecimiento del valor de la soja. Las fluctuaciones de los precios de los granos y la posibilidad de mayores o menores ganancias por exportaciones agrícolas no afectan tan directamente el precio de los campos, incluso con el alza en los costos de producción.

• Recuperación

Según explican los operadores del sector, inmediatamente después de la crisis de 2001, los valores de los campos cayeron 20% y, hacia fines de 2002, comenzaron a recuperarse ininterrumpidamente hasta mediados de 2004, desde cuando se mantienen con leves aumentos. El mejor momento del campo en la Argentina se había registrado entre 1997 y 1998 producto de la expectativa que despertó la implementación de la siembra directa (sistema que permite mantener la sustentabilidad del campo). Pero hoy, los valores de esas tierras están ya entre 20% y 30% por encima de los de entonces. Y llegan a superar en 50% el promedio que tuvieron en los últimos 10 años.

«Principalmente, creo que hay una característica del campo que lo hace único entre las inversiones inmobiliarias y es que es limitado. Uno puede construir más departamentos y casas, pero no puede extender el campo», aseguró a
Ambito Financiero Pedro Nordheimer, de Nordheimer Campos.

Según este conocedor del mercado, arrendar hoy un campo en una zona fértil de La Pampa deja no menos de 4% de rentabilidad, lo cual «es mejor alternativa que sacar la plata del país y pagar 1% al enviarla al exterior y 1% al traerla, además de haber obtenido poco interés. También es mejor que invertirla en el mercado financiero argentino, donde la gente no se recuperó del mal momento pasado durante la crisis».

Según explicó Nordheimer, los campos que se encuentran actualmente produciendo en el país son, en su mayoría, alquilados. A pesar de que los precios de venta continúan firmes, la rentabilidad que se obtiene por arrendarlos es más atractiva, ya que algunos operadores aseguran que puede llegar a 10%. El precio del alquiler de los campos para sembrar se fija en quintales de soja por hectárea y en la zona núcleo del país está entre 14 y 17 quintales. Esto equivale hoy a no menos de $ 70 por hectárea alquilada.

• Ganado

En el caso de los campos ganaderos, para las tierras de cría se paga entre 50 y 70 kilos de novillo por hectárea y, para los de invernada (para animales crecidos que necesitan mejor calidad de pastura), cerca de 100 kilos.

Además, invertir en campos tampoco está al alcance del público masivo. Para comprar un campo mediano (de 300 hectáreas), el capital necesario supera el millón de dólares. «Por eso se están creando pooles de inversores que se unen para comprar más cantidad de hectáreas», comentó Rozados.


La creciente demanda de campos, según explicó Nordheimer, encuentra oferta porque, a pesar de que los terrenos son muy buscados, «siempre aparecen dueños que tienen alguna razón para vender, como la separación de socios o de un matrimonio, y también sucesiones», dijo.

Rozados agregó que «los inversores que se dedican al campo siguen colocando su dinero en la tierra, y además, hay nuevos jugadores que ingresaron en el mercado, sobre todo, desde el exterior».

Estos últimos no sólo se interesan en campos destinados a los cereales y a la ganadería, sino que además buscan tierras aptas para viñedos o para instalar estancias para albergar a turistas extranjeros que llegan al país justamente para disfrutar del campo.

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