11 de enero 2005 - 00:00

"Casi todo lo que veo en teatro me da envidia"

Ferrari dice bromeando que, «como diría el autor de El entrepiso, la TV me da alas, pero me saca el cielo», y agrega, en serio, que «algo que se hace todos los días, no puede tener la misma calidad siempre».
Ferrari dice bromeando que, «como diría el autor de 'El entrepiso', 'la TV me da alas, pero me saca el cielo'», y agrega, en serio, que «algo que se hace todos los días, no puede tener la misma calidad siempre».
El autor, productor y director Claudio Ferrari, más conocido por su labor televisiva (dirige la versión local de «La niñera»), vuelve al teatro con una obra del escritor y poeta norteamericano Dennis Weisbrot. Se trata de «El entrepiso», cuyo estreno está previsto para el viernes 14 de enero, en el Teatro Anfitrión (Venezuela 3340), con un elenco integrado por Javier Alonso, Claudio Charra, Flora Ferrari, Fernando Lázaro y Teresa Murrias. Esta pieza de Weisbrot, traducida por Ana Bianco y Ricardo Palacios, tiene por protagonista a un de entrepiso. Ferrari es también autor de varios libros de cuentos y poesías y obras teatrales: «Como Dios manda» y « Perdonar es dibino, una istoria impresentavle» (sic), son las de estreno má reciente. Su trabajo en televisión se inició hace veinte años (fue libretista de «La noticia rebelde» y de «Cartas de amor en casetes» por ATC, entre otros programas).

Actualmente se desempeña como director integral de Telefé.

Periodista: «El entrepiso»
ofrece una visión muy descarnada del mundo de la droga, casi tan dura como la que exhibió el film «Trainspotting» hace algunos años.

Claudio Ferrari: También nosotros pensamos en ese referente, pero no nos interesó bucear por ese lado. « Trainspotting» tenía escenas de horror, muy pegadas a la realidad. Esta obra pide otra cosa, no es un ejercicio de costumbrismo coral, el autor jugó muy libremente con las palabras, con un sentido poético y eso es lo que me propuse privilegiar. De lo que estoy especialmente orgulloso es de la partitura musical que grabamos con cuatro cantantes, está inspirada en temas de Ella Fitzgerald, Charlie Parker y Tom Waits, y creo que logramos un clima muy sutil y evocador.


P.:
Háblenos del autor.

C.F.: Weibrot nació en Filadelfia, en 1946, y formó parte de la generación «Beatnik» (liderada por Jack Kerouac y Allen Ginsberg, entre otros). Después se fue a vivir a México durante cuatro años, donde se desempeñó como periodista y columnista y desde 1998 reside en San Telmo. El se define como un sobreviviente, incluso coordinó grupos de recuperación en adiccionesen Estados Unidos. Yo hablé con él sobre sus experiencias para comprender mejor a sus personajes.


P.:
Hay una frase que resume toda la obra: «La heroína me da alas, pero me saca el cielo...» C.F.: Sí. El personaje protagónico está drogado durante toda la obra y está solo. Los otros personajes son en realidad él mismo atravesado por las distintas visiones de la realidad que la droga le permite captar. Pero, insisto, la puesta no pretende que lo que sucede en el escenario sea vivido como una experiencia realista. De ningún modo moraliza, tampoco condena y mucho menos estimula.

P.:
¿Le resultó difícil trabajar con este tema?

C.F.: Creo que lo que más me asustó en un principio fue que la obra no tuviera un argumento central y a la vez eso la hizo muy atractiva, por lo menos para mí que casi siempre estoy obligado a dirigir cuentitos.


P.:
¿Se refiere a su trabajo en televisión?

C.F.: Sí. En televisión una historia es un instrumento fantástico, pero acá no la había. Así que al principio entré en pánico hasta que descubrí que esta ausencia de historia nos permitía trabajar sobre lo esencial de la obra.


P.:
Usted está acostumbrado a dirigir todo tipo de programas ¿Pero no le pareció excesivo tener que aporteñar una sitcom norteamericana como «La niñera»?

C.F.: Cuando Claudio Villaroel vino con la idea todos nos asustamos un poco, incluida Florencia Peña, pero eso nos dio más fuerzas para trabajar porque Claudio exigía un alto nivel de calidad. Además, teníamos a un par de norteamericanos que nos observaban todo el tiempo. El primer mes ensayamos muchísimo, llegamos a analizar los libretos... ¡como si se tratara de una obra de Shakespeare! Nos preocupaba encontrarle una coherencia a esos textos y finalmente la descubrimos, a partir de ahí fuimos muy felices.


P.:
¿Cómo encaró está segunda etapa del programa?

C.F.: No hay segunda etapa, cuando «La niñera» dejó de salir a fines de septiembre, nosotros seguimos grabando los capítulos que se empezaron a proyectar ahora. Primero grabamos 35 capítulos, si la cosa no funcionaba todo quedaba ahí, y si funcionaba más o menos, llegábamos a 70. Pero al final grabamos 140, que es la totalidad de capítulos que los norteamericanos hicieron a lo largo de 10 años. Nosotros lo tuvimos que hacer en un año y además terminaron siendo 180, porque se escribieron nuevos libros.

P.: ¿Cómo hace para trabajar en un medio tan masivo y al mismo tiempo dirigir una obra experimental para 50 espectadores?

C.F.: No es algo que pueda disociar, es la misma pasión. Por suerte, nunca me obligaron a hacer lo que yo no quería. La televisión es muy irregular. Como diría el autor de la obra: «me da alas, pero me saca el cielo...» (se
ríe). Es una broma, pero algo que se hace todos los días, todo el tiempo, no puede tener la misma calidad siempre. Incluso cada programa tiene sus desniveles. Para mí el teatro es algo esencial, además soy un asiduo concurrente. Le confieso una cosa, el 90 por ciento de lo que veo en Buenos Aires ¡me da una envidia bárbara!

Entrevista de Patricia Espinosa

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