Hoy, al mediodía, Domingo Cavallo intentará frenar la suba del riesgo-país: dirá cómo hará para pagar los vencimientos de la deuda pública, tema que preocupa a inversores. A la noche viaja a Nueva York, donde se reunirá con banqueros norteamericanos. El miércoles desayuna con Paul O'Neill, el influyente secretario del Tesoro de Estados Unidos. Ya se descuenta un fuerte apoyo al país si empeora la situación. Cavallo quiere facilitar que bancos locales compren títulos. Para ello habría medidas del Banco Central, entidad que, sin afectar la convertibilidad, podría también comprar más bonos.
A las 12.30 de hoy, antes de partir hacia Canadá y Estados Unidos, Domingo Cavallo ofrecerá una conferencia de prensa en la que promete despejar algunas incógnitas relativas a la solvencia del país y sus expectativas de financiamiento. La presentación -a la que se invitó anoche con papelería de Acción por la República-se terminará de preparar durante esta mañana con la intervención de Daniel Marx. La etapa en la cual se le «hablaría a la gente» para recién más tarde, «hablar a los mercados» parece cerrarse hoy. La intención de Cavallo es aliviar el preocupante trance financiero de la Argentina, que registró una nueva suba en el índice de riesgo-país (945 puntos el viernes pasado) y debe afrontar un cuello de botella de vencimientos en abril. En la intimidad del ministro se realiza un cálculo bastante sencillo para quitarle dramatismo al problema.
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Se espera que el impuesto al cheque proveerá $ 4.000 millones. Mitad de esa suma iría para cubrir la desviación de $ 2.000 millones que había detectado Ricardo López Murphy, y otros $ 2.000 irían a programas de reactivación. Pero la meta de Cavallo es más ambiciosa: espera que una negociación con el Tesoro de los Estados Unidos destrabe un adelanto de los fondos previstos en el blindaje. Exactamente la misma pretensión que se formuló delante del gobierno de España, sólo que por un monto mayor que le permitiría a la Argentina prescindir por un tiempo del endeudamiento con el mercado financiero. Conviene recordar las palabras de Cavallo, la semana pasada, en el Banco Nación: «Hasta que nos presten con la tasa que se le cobra a México no volveremos a pedir fondos a los bancos», afirmó en esa ocasión. Más que un propósito, se trata de un reconocimiento de la realidad: con el riesgo que presenta hoy la Argentina se vuelve cada vez más difícil conseguir que le presten dinero. Fue en relación con este problema que el viernes circuló la versión, entre observadores bien informados, de que el gobierno podría «in extremis» garantizar el pago de sus compromisos con parte de las reservas que sostienen la convertibilidad en el Banco Central. La paridad está actualmente respaldada en 100 por ciento por reservas líquidas. Por eso, se calcula que técnicamente no habría riesgo de devaluación si ese soporte se redujera a 90 por ciento y 10 por ciento restante se completara con títulos públicos. El límite que soporta la convertibilidad se sitúa en 66 por ciento de reservas líquidas como respaldo del circulante.
La operación de Cavallo frente al Tesoro de los Estados Unidos tiene varios carriles. Uno, ya habilitado, es el de las gestiones oficiosas de David Mulford, padrino del titular del Palacio de Hacienda en el establishment norteamericano. Otra línea de acción tiene que ver con la rutina de Marx. Además, hubo algunos indicios como las declaraciones que realizó el presidente de Brasil, Fernando Henrique Cardoso, al cabo de su reunión con George W. Bush. Finalmente, Cavallo tiene previsto desayunar con el secretario del Tesoro, Paul O'Neill, mañana, en Toronto, durante la reunión de ministros de Economía del hemisferio que se realizará en esa ciudad (ver página 5).
Si bien distintas fuentes del gobierno de Bush aclaran que «la Argentina debe hacer sus deberes y no esperar un auxilio especial en este momento», Cardoso insinuó que el gobierno de Washington tiene previsto sostener a Cavallo en una situación extrema. El brasileño dijo: «Estados Unidos mantiene una posición cautelosa, pero yo noté que tiene disposición a, siendo necesario, apoyar a la Argentina». El sociólogo comentó que habló muy directamente del problema con su colega norteamericano y que también le hizo saber la preocupación especial que existe en Brasil sobre un eventual colapso del principal socio del Mercosur.
Vista en la perspectiva de esta semana, la preocupación por tranquilizar al mercado ocupa el centro de atención de Cavallo. Otras iniciativas, como la reforma administrativa que incluye un nuevo diseño para el gabinete, tienen un ritmo más lento. Incluso podría demorarse más de lo que admitiría el ministro. La pretensión de reformar la Ley de Ministerios es recurrente en el gobierno de Fernando de la Rúa. La delegación de poderes que consiguió el Ejecutivo no hizo más que reanimarla, y Cavallo fue el primero en expresar sus pretensiones. Con la excusa de que, tarde o temprano, el gobierno tendrá que negociar en el Congreso una nueva reforma previsional y la desregulación de obras sociales, el ministro pidió la constitución de un ministerio para Armando Caro Figueroa. Esa cartera incluiría la ANSeS, la administración de ART, la superintendencia de obras sociales y la de AFJP. Sin embargo, el proyecto navega lento desde que De la Rúa les pidió a algunos de sus colaboradores inmediatos «estudiarlo minuciosamente» (en lenguaje presidencial, «minucioso» equivale a «lento»).
El problema que encuentra De la Rúa es bastante evidente. Cualquier expansión del cavallismo dentro de su equipo exige equilibrios con otras alas políticas, entre ellas el Frepaso y el radicalismo. Por eso, algunas carteras cuya creación hubiera sido inexorable hace un par de meses -por ejemplo, Agricultura-ahora seguirán siendo secretarías. Y la eliminación de otras que hoy están en manos de delarruistas ortodoxos -
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