5 de diciembre 2003 - 00:00

Cedió Bush y suspendió aranceles para el acero

Washington (ANSA, EFE) - El presidente George W. Bush cedió finalmente a las presiones económicas y políticas de Europa y de Japón, al anunciar ayer la suspensión de los aranceles extraordinarios al acero importado (que iban a regir hasta 2005). Estados Unidos había impuesto una tarifa de 30% sobre el acero extranjero en marzo de 2002, como parte de un intento de rescatar a la industria siderúrgica local, afectada no sólo por las importaciones, sino también por la reconversión económica internacional.

Los aranceles aplicados por EE.UU. fueron juzgados ilegales por la Organización Mundial del Comercio (OMC) en noviembre pasado, abriendo las puertas para que la Unión Europea amenazara a Estados Unidos con lanzar una serie de represalias por 2.200 millones de dólares a partir de mediados de diciembre.


«Yo creo firmemente que los trabajadores estadounidenses pueden competir con cualquiera en el mundo, siempre y cuando sea en un terreno justo y equilibrado», dijo Bush en la declaración con la cual anunció el levantamiento de los aranceles. Según el presidente, la industria norteamericana del acero «utilizó sabiamente estos 21 meses de respiro que les brindamos para consolidarse y reestructurarse». El sector siderúrgico, señaló, «hizo progresos en aumentar su productividad, bajar los costos de producción y hacer a nuestro país más competitivo frente a los fabricantes extranjeros».

El presidente pasó varias semanas considerando el levantamiento de las sanciones, que será altamente impopular en estados donde el sector del acero provee miles de puestos de empleo, como Pennsylvania y Ohio, entre otros.
Según se supo, Bush estuvo meditando esta decisión hasta las últimas horas del miércoles en compañía de su vicepresidente, Dick Cheney; su ministro de Comercio, Donald Evans; y el representante comercial de EE.UU., Robert Zoellick. Pero las intensas reuniones habían incluido también a Karl Rove, el poderoso asesor de Bush en materia proselitista, con quien evaluó el impacto de la medida en las elecciones de noviembre de 2004.

La prensa estadounidense destacó ayer que la Unión Europea eligió inteligentemente el espectro de productos sobre los cuales descargaría su ira arancelaria
: incluía mercancías de exportación de estados como California y Florida, distritos que usualmente deciden las elecciones norteamericanas, en particular, en situaciones reñidas.

Con la amenaza de las represalias sobre productos como los cítricos, por ejemplo, la Unión Europea puso a Bush en un serio dilema: levantar las tarifas y enojar a los trabajadores de Ohio, o mantenerlas y golpear así a los exportadores de Florida, precisamente el estado que le dio la victoria en los polémicos comicios de 2000 ante el demócrata Al Gore.


• Sector fundamental

La situación era realmente compleja porque, por un lado, los siderúrgicos hacían lobby para proteger los puestos de trabajo y, por el otro, las empresas consumidoras de acero también reclamaban por la suba de precios, lo que jaqueaba a miles de empleos. Los voceros de los consumidores advirtieron al gobierno que este sector no está conformado solamente por gigantes como las automotrices y los fabricantes de aviones, sino que, en 98% las empresas que necesitan comprar acero al mejor precio posible tienen menos de 500 empleados.

Se trata de un sector fundamental para cualquier aspirante a acceder o mantenerse en la Casa Blanca.

Con este panorama, Bush decidió correr el riesgo de contrariar a la influyente industria del acero y el no menos poderoso sindicato metalúrgico, para evitar una guerra comercial con Europa, Japón y Corea y no desilusionar a los exportadores de Florida y California, pero, al mismo tiempo, advirtió que Washington saldrá a pelear contra los subsidios y el dumping.

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