Un «jueves negro» del verano, donde no puede menos que amalgamarse para el análisis del día, lo que sucedió con los tres mercados que resultan referentes entre sí.
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Y si la segunda rueda de Buenos Aires repitió una pendiente verticalizada, debe destacarse la merma del Dow -en cerca de 1 por ciento- y más todavía la réplica sobre el Bovespa, que derrapó 3 por ciento.
El tercer eslabón, el Merval, siguió su caída franca y que en dos días de vértigo lo llevó -suena a increíble- de estar atacando francamente la zona de los 1.800 puntos, a terminar perforando el piso de los 1.700.
Lo más preocupante atravesó por la relación de los indicadores, porque no se pudo detener el ritmo de negocios y se asistió a perfiles de semicorrida, donde los límites no importaron, con tal de encontrar la salida y colocar posiciones.
El mínimo del índice estuvo en los 1.696 puntos, el máximo fugaz en 1.751, y para concluir en marca de 1.699. Esto se tradujo en un porcentual de 2,7 por ciento y ampliando el rango, respecto de lo previo llevándose el mercado más de 5 por ciento de lo capturado a lo largo de enero.
• En nivel alto
El desarrollo no tuvo frenos, como para moverse en un régimen de cifras a tono con las más altas de finales de mes. Casi $ 94 millones de efectivo, participando con mas de 11 por ciento en las sumas generales de la fecha.
Las escasas alzas no pasaron de un máximo de 2,5 por ciento, en Rigolleau, plaza de perfil menor en lo bursátil. En contrapartida, un derrumbe literal de Siderar y que sufrió en más de 7 por ciento, con casi 700.000 papeles. Petrobras estableció otra plaza dura para el índice: cayendo más de 4 por ciento, al igual que Tenaris y cercana a 4 por ciento de reducción.
Enorme sorpresa en el ambiente, donde la contracara de lo último de enero resultó un infierno bajista y poco imaginable en tal magnitud. Temible.
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