Cómo se armó el "cóctel recesivo" y una pregunta que por ahora no tiene respuesta
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El Gobierno argumentó que la crisis se produjo por el cambio en la situación financiera internacional como si ésta hubiera sido súbita e impredecible cuando, en realidad, era de público conocimiento que habría de ocurrir: había sido anunciada por la propia Fed y por el nuevo presidente de los EE UU Donald Trump.

Por lo tanto, las políticas de apertura comercial y financiera que se siguieron no eran en absoluto recomendables. Una cuestión similar puede establecerse respecto al otro argumento de descarga de responsabilidades por parte del Gobierno: la sequía. Sabiendo que la producción agropecuaria depende del clima no era de ninguna manera aconsejable instrumentar políticas que hicieran depender a la economía exclusivamente de la misma. Así que el Gobierno no puede escapar a sus responsabilidades en la generación de la crisis.
Y, ahora, estamos ante un nuevo experimento: el nuevo acuerdo con el FMI que trae nuevas inconsistencias y cuantiosas dudas. La primera, si los fondos alcanzan para afrontar los pagos de la deuda externa: en principio ello ocurriría en el caso que la formación neta de activos externas se redujera sustancialmente, cuestión que aparece bastante improbable. Luego, la política monetaria al adoptar el control de agregados monetarios como objetivo y fijarse un crecimiento nulo de la Base Monetaria aparece, por un lado, de muy difícil cumplimiento y, por otro, con un componente recesivo francamente explosivo.
Teniendo en cuenta que, a partir de ahora y por un año, la inflación acumularía un crecimiento, siendo optimistas, del 30% esto implicaría que la Base Monetaria se reduciría, en términos reales, en esa misma proporción, algo directamente insoportable para la economía real ya afectada por la acumulación de fuerzas recesivas que hemos descripto.
Pero, además, teniendo en cuenta que el instrumento principal de absorción monetaria está constituido por las operaciones de mercado abierto, entonces el aumento del déficit fiscal continuaría afectando la capacidad del Banco Central de controlar los agregados monetarios. En particular debe tenerse en cuenta que el pago de intereses que el mismo genera podría representar entre un 3% y un 3,5% de aumento mensual de la Base Monetaria, lo que obligaría a un aumento sustancial del stock para cumplir con el postulado de crecimiento cero de la Base.
Por último, también existen serias dudas respecto a que si el dólar supera el extremo superior de la banda de flotación serían suficientes u$s 150 millones para contener la formación neta de activos externos.
Está claro que el pato de la boda continúa siendo el sector privado, generándose una última y muy fuerte contradicción: las medidas lo ajustan fuertemente (altísimas tasas de interés, fuerte disminución del crédito, caída vertical de la demanda) con lo que cabe la pregunta: ¿cómo se sostendrá el sector público ante una crisis de tal profundidad en la producción, los ingresos y el empleo?
Pronto, lamentablemente, tendremos una respuesta.




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