Complica el Senado sanción hoy de la ley de déficit cero
Era preocupante anoche el cuadro de negociación en el Senado por la ley del déficit cero: el radicalismo sólo juntaba 13 votos a favor, mientras 4 estaban en contra (Moreau, Maglietti, Sáez y Masaccessi), dos de viaje (Usandizaga y Angeloz) y un tercero enfermo (Genoud). Por lo tanto, requerían de 22 justicialistas para lograr formar quórum. Para aprobar la ley, también requerían la siguiente ingeniería de la oposición: además de sentarse para el número, luego otros se debían ir para no votar en contra y 4 debían permanecer en el recinto para votar a favor. Realmente un armado de sofisticación legislativa demasiado arduo, podría decirse casi imposible, aunque contra esa realidad trabajó toda la tarde y parte de la noche el jefe de Gabinete, Chrystian Colombo, quien a su favor sólo contaba con la presión de los gobernadores, tan necesitados del fondo fiduciario para restablecer sus finanzas como el gobierno del ajuste, para que no se ennegrecieran aun más los mercados. Los jefes de provincia conocen una regla tácita de los bancos que los financian: no contribuirán al fondo fiduciario si no se aprueba el ajuste en el Congreso. Sin los $ 1.000 millones de ese fondo corre riesgo el pago de sueldos y provisiones básicas en muchos distritos. A última hora de anoche, Colombo parlamentó con dos peronistas decisivos (Verna y Tell), quienes le dijeron que con más disciplina radical y un compromiso expreso de los gobernadores con el ajuste, la ley se podría aprobar entre mañana y pasado. Es cierto que no todo el proceso depende de la lógica política de adhesiones y rechazos a la norma: los senadores comenzaron anoche a discutir un pliego de condiciones entre las que aparecen desde la integración del directorio del Banco Central hasta cuestiones judiciales que tienen en vilo desde hace meses al PJ.
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«Tenemos que atacar el gasto y el ingreso», arengó el delegado de Tucumán. Finalmente, sugirió que «podemos invitar a Cavallo y Colombo para char-lar de alternativas, y no dilatar la votación más de una semana». Se barajó, de manera improvisada, revisar algunas partidas presupuestarias, por ejemplo, la del rectorado de la UBA o la de la secretaría de Cultura de la Nación, tal cual anticipó ayer este diario.
En las antípodas, se ubicó Augusto Alasino. El ex jefe de bloque se plantó en que había que «rechazar la ley, porque ya el gobierno tiene un decreto vigente». «¡Qué no nos pase lo de la ley laboral y terminemos acusados!», sonrió con ironía el entrerriano.
Carlos Corach dijo a este diario que no acompañó la moción de Alasino, pero todos sus compañeros escucharon con claridad que se sumó al coro de los más opositores junto a Eduardo Menem. El misionero Julio Humada, Verna y el formoseño Manuel Rodríguez se manifestaron por el rechazo liso y llano.
Eduardo Menem, aportó además una cuestión técnica fundamental. «Lo conveniente, me parece -comentó con tono doctoral-, es que el proyecto pase a comisión. Tengamos cuidado, porque de lo contrario, si lo rechazamos, no podemos volver a tratarlo en este período parlamentario».
Remo Costanzo aprovechó la canilla libre de discursos para dedicarles un mandoble a los diputados peronistas. «Muchachos, hay que decir algo de la operación que se mandaron allá, votando con el culo. ¡Es una vergüenza!», pataleó el rionegrino.
Muchos colegas se acoplaron para hacer distinciones entre la rebaja de salarios y la que afectaba a la clase pasiva. Osvaldo Sala (Chubut) y el salteño Julio San Millán subrayaron que no estaban dispuestos a bancarse un tijeretazo a los jubilados.
El chubutense del PJ hizo correr el dato de que había varios representantes de la UCR con ganas de levantarse en armas contra el gobierno. «Miren que Sáez y (Horacio) Massacessi me dijeron que nos acompañaban con las 2 manos en la votación», se entusiasmó Sala. La ausencia de José Genoud -con licencia por enfermedad-y del rionegrino Edgardo Gagliardi tornaba más incierto el panorama de la UCR.



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