26 de septiembre 2003 - 00:00

Condicionó Kirchner pago de deuda al fin de los subsidios

Dijo que el país asume responsabilidad por su "aplastante deuda", pero que cuando ésta "adquiere tal magnitud la culpa es compartida". Aludió así al FMI, al que pidió que deje de imponer políticas de ajuste. Añadió que si los países desarrollados no abren sus mercados, "el pago se torna una verdadera quimera. No se les cobra a los muertos". Para agradar a Estados Unidos, machacó sobre el problema del terrorismo, pero matizó afirmando que la solución no es sólo militar. Reiteró también el reclamo por la soberanía sobre las islas Malvinas.

El presidente Néstor Kirchner, al hablar ayer en la Asamblea General de las Naciones Unidas. Ante ese foro reclamó una profunda reforma de los organismos internacionales de crédito.
El presidente Néstor Kirchner, al hablar ayer en la Asamblea General de las Naciones Unidas. Ante ese foro reclamó una profunda reforma de los organismos internacionales de crédito.
Nueva York (especial) - Néstor Kirchner llevó ayer a la Asamblea General de las Naciones Unidas la propuesta surgida en la fallida cumbre de la Organización Mundial de Comercio (OMC) de Cancún, de atar el pago de la deuda externa a la eliminación de los subsidios agrícolas de Estados Unidos, la Unión Europea y Japón. En uno de los discursos más duros que dio un presidente argentino en ese ámbito, Kirchner dijo que «sin el libre acceso para los productos argentinos», pagar la deuda externa será «una quimera» y, en un giro muy comentado, que los muertos «no pagan». Embistió además contra el Fondo Monetario Internacional (FMI) y pidió que nunca más ese organismo lleve a un país en desarrollo con un alto nivel de deuda a un ajuste fiscal. Como forma de encolumnarse indirectamente con el reclamo más importante de George W. Bush, condenó al terrorismo y comparó los atentados a las Torres Gemelas con los de la AMIA y la Embajada de Israel.

Kirchner vivió ayer su jornada más importante de su viaje a Nueva York con más nerviosismo que los días previos. Había hecho público ante sus principales asesores que lo acompañaron hasta Estados Unidos la intención de preparar un discurso «que quedará en la memoria». Su esposa Cristina Fernández de Kirchner, el canciller Rafael Bielsa, con la colaboración desde Buenos Aires del secretario de Relaciones Internacionales, Martín Redrado; el ministro del Interior, Aníbal Fernández, y el vocero oficial, Miguel Núñez le ayudaron a preparar el texto, al que el Presidente le dio la letra final. Finalmente, y sobre el original que había sido preparado durante los días previos, una hora antes del turno del argentino para hablar ante la Asamblea General, quedaron afuera algunas críticas a los EE.UU., se purificó el reclamo por Malvinas, se sumaron párrafos sobre la apertura comercial y, por influencia de Cristina, se incluyeron menciones a las Madres y las Abuelas de Plaza de Mayo en el mensaje.

El Presidente llegó temprano al edificio de las Naciones Unidas. El recuerdo de la demora del martes cuando por un congestionamiento de tránsito no pudo llegar a tiempo para la apertura del evento por parte de George W. Bush, hicieron que acelerara el viaje hasta la sede de la ONU. A las 10, hora de Nueva York, terminó con las correcciones al discurso y se ubicó en la trastienda del predio desde donde los jefes de Estado hablan ante la Asamblea. Kirchner tuvo suerte en el sorteo. Le tocó hablar después del ruso Vladimir Putin, lo que le garantizó al argentino «pantalla caliente». Tanto fue así, que la señal internacional de la CNN, que cubre sólo los mensajes de los líderes del Primer Mundo y los jefes de Estado de Medio Oriente, se detuvo por unos minutos a escuchar qué tenía para decir el sudamericano. Antes Kirchner tuvo tiempo de reunirse con el secretario general de la ONU, Kofi Annan, al que le llevó reclamos por Malvinas, el caso Graciela Arias Uriburu y medió para que el ex vicepresidente Carlos Chacho Alvarez pueda dirigir la CEPAL (ver notas aparte).

A las 11.45, hora de Nueva York, el Presidente ingresó en el salón principal de la Asamblea para dar su discurso. Apareció la primera sorpresa. Kirchner mostró un saco oscuro abrochado y camisa blanca, dos rarezas en la figura presidencial.

Comenzó con una carta de presentación personal: «Desde el sur del mundo, concurrimos a esta Asamblea General». Segundos después vino lo que fue la mayor crítica a los Estados Unidos. Sin nombrarlo dijo que este país «tiene una supremacía tecnológica, militar y económica sobre el resto». La frase que siguió fue una especie de explicación acerca de que ante esta realidad poco es lo que se puede hacer.

A menos de tres minutos de comenzado el mensaje, Kirchner llegó al núcleo del discurso. Mencionó la «gigantesca deuda»; dijo que «nos hacemos cargo» de la parte de la culpa que le toca a la Argentina, pero inmediatamente llamó al FMI a «asumir su cuota de responsabilidad».

En el auditorio, con algunos blancos notables (una constante de la Asamblea en realidad), se dibujaban las siluetas de
Bielsa, Fernández y Núñez, que curiosamente seguían el discurso con los auriculares de traducción.

• Aranceles

Kirchner siguió con su embestida por la deuda. Habló de las políticas de los organismos que contribuyeron a aumentarla y de la «terrible dificultad que ofrece el pago de esa deuda». Comenzó entonces el desarrollo de la tesis de que el presidente argentino llevó a Nueva York, surgida de la cumbre de Cancún. « Se necesita la eliminación de barreras arancelarias y paraancelarias que dificultan el acceso de nuestras exportaciones a los mercados de países desarrollados, depositarios de la mayor capacidad de compra.» Aseguró después, sin mayores vueltas, que «si los países desarrollados no abren sus mercados, el pago se torna una verdadera quimera» porque «no se les cobra a los muertos». De pasada, y sin profundizar, pidió la reforma «de los organismos multilaterales de crédito». Kirchner repasó luego los otros temas que llevó a la ONU: Malvinas, el respaldo a los derechos humanos y la condena al terrorismo comparando los atentados a la AMIA y la Embajada de Israel en Buenos Aires con los de las Torres Gemelas. Salvo algunos matices, la tesis de Kirchner sería perfectamente relacionable con la de Bush, más allá de reivindicar el rol de la ONU en la resolución de los conflictos. Se puede decir que el Presidente ayer cumplió con la promesa a Bush. Hoy Kirchner vivirá su último día en Nueva York dándose una especia de lujo personal. Almorzará con el economista Joseph Stiglitz en la New School University, donde criticará abiertamente al FMI a la par de uno de los cuestionadores más famosos del organismo financiero.

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