28 de agosto 2008 - 00:00

Controvertida idea (e ingeniosa) para terminar con tarjetas

Wenceslao Casares
Wenceslao Casares
Wenceslao Casares, el hombre que hace ocho años le pegó duro a uno de los mayores bancos europeos (Santander), ahora va por tres mil entidades financieras norteamericanas.

La velocidad con que se infló y estalló la burbuja de las «puntocom» seguramente tendió entre el gran público un piadoso manto de olvido sobre el caso Patagon.com, empresa fundada por Casares junto con su socio Constancio Larguía en 1997, con menos de u$s 10.000 de capital inicial. Después de un par de años habían hecho tres rondas de inversores en las que recolectaron u$s 62 millones. Era el tiempo en que nadie sabía hacia dónde se dirigían los negocios a través de la Web, pero tampoco nadie quería quedarse afuera.

El talento de Casares fue convencer a esos inversores de que Patagon.com -un portal de servicios financieros- poco menos que tomaría el lugar de los bancos tradicionales.En marzo de 2000 los más altos ejecutivos del Grupo Santander Central Hispano (hoy Santander a secas) le creyeron y aceptaron pagarle u$s 528 millones por lo que después de todo no era más que un sitio en el que se daban informaciones financieras ya aparecidas en los principales diarios del mundo. El proyecto preveía nada menos que la fundación de tres nuevos bancos en la Argentina, Brasil y México, más todas las operaciones on line del grupo financiero de la familia Botín. El botín, en realidad, se lo llevaron «Wences» y Larguía: dos años más tarde, y después de gastar u$s 270 millones -casi la mitad de lo pagado por los españoles-, la empresa desapareció, no sin antes tener que pagarle al Santander cerca de u$s 30 millones por la «recompra» de Patagon.com. Fin de la saga.

  • Apuesta

  • ¿Fin de la saga? No necesariamente: a pesar de que el nombre de Wenceslao suena a veneno en ciertas zonas del planeta, el emprendedor apuesta a convencer al menos a unos 3.000 bancos estadounidenses (sobre los 17.000 existentes) para que le compren un producto que -según él- terminará reemplazando a la tarjeta de crédito. ¿En qué basa esta confianza? Según declaró a un portal (dónde si no) de Chile: «En EE.UU. no me conoce nadie».

    El «entrepreneur», tras tomarsetres años sabáticos entre 2002 y 2005, reaparece con un adminículo diseñado por un ingeniero chileno, luego de que los grandes fabricantes de aparatos tipo iPod o pendrive no le atendieran el teléfono.

    En ese reportaje, Casares dice que le ofrece al sistema financiero norteamericano «una plataforma tecnológica que reemplace a las tarjetas de crédito tradicionales, que cobran entre 3% y 4% por transacción».

    Cuando dilapidó u$s 270 millones del Santander, «Wences» admitió que lo habían hecho porque «no teníamos ni idea del mercado bancario»; todo indicaría que está parado en el mismo lugar: básicamente lo que se propone es venderles a los bancos, que son además los dueños de las empresas administradoras de tarjetas de crédito, un producto por el que tendrán que pagarle a él y que además los obligará a bajar sus comisiones.

    Sin embargo, se defiende como el hábil vendedor que se le reconoce: «De los 17 mil bancos que existen en los Estados Unidos apuntamos a captar unos tres mil. Hay insatisfacción en muchos de ellos: comerciantes molestos porque pagan demasiado por transacción, bancos chicos que no ganan dinero con ellas, consumidores -sobre todo jóvenes que crecieron con e-mail y celular-a quienes les parece críptico sacar una tarjeta y tener que firmar un papel para comprar».

    De gustos exóticos, viajó a Sri Lanka para que un carpintero le hiciera el modelo en madera de lo que tenía en mente (un aparato tipo iPod con una ranura para introducir las mismas tarjetas de crédito que busca abolir, con la posibilidad además de «manejar» la cuenta corriente desde el adminículo), y después de golpear en vano las puertas de los «grandes» del sector, recaló en Mariano Pola, un ingeniero chileno que conocía de hace tiempo. Era julio de 2006. Después de dos años y u$s 2 millones en desarrollo e investigación -más el aporte de otras empresas chilenas e ingenieros locales «a los que les estamos enseñando inglés aceleradamente», dice Casares-ya tienen 1.500 dispositivos para lanzar una prueba piloto en los Estados Unidos.

    El segundo paso sería instrumentar esta tecnología para que los usuarios de telefonía celular puedan comprar directamente desde sus móviles a través de un sticker que se adherirá a los celulares. «Vamos a pagar sí o sí con los celulares. En Japón y Corea del Sur ya hay más gente que paga con ellos que con VISA o Master. En cinco a 15 años más, todos podremos salir de la casa sin billetera y sólo con el celular. Bling Nation -el nombre de su empresaquiere ser parte de quienes hacen esto posible», afirma un optimista Casares.

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