Córdoba actuó con la audacia de crecer en un país que devora todo
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• Evasión
Una fuerte rebaja impositiva, como implementó De la Sota dentro de un esquema correcto de desarrollo, tienta a no evadir, porque a nadie le gusta la ilegalidad. Claro eso inicialmente, pero si el modelo nacional se deteriora aceleradamente vuelven los apremios al «normalizado» que retorna a evadir con un agravante: quedaron con menos impuesto los que nunca tuvieron chance de evadir. La mezcla, entonces, se tornó explosiva para las arcas provinciales: «Si el producto nacional aumenta 3% o 4% el de Córdoba será 8% o más», expresaba el gobernador. Era un pensamiento y proyección correcta. Pero el país decayó y lo mismo su producto, y entonces el audaz e interesante «modelo Córdoba» terminó afectado.
Quizá Córdoba resultó la víctima mayor entre las provincias del país precisamente por eso: porque la caída económica y financiera la toma en viaje a la región más atrevida en sus planes económicos. El «modelo Córdoba» no podría convivir con una recesión ya en 40 meses y con un país en default técnico no concretado aún en forma institucional.
Y la debacle nacional arrastró a las privatizaciones, pieza articular de todo el proyecto cordobés. Con un país en recesión, con un gobierno nacional que no cumple el pacto firmado meses antes, con empresas públicas imposibles de vender a causa del escenario creado por la propia recesión, el modelo cordobés -no podía ser de otro modo-ha quedado sensiblemente deteriorado y ha obligado al gobierno a tomar medidas a las que se resistía a la espera de un cambio en la tendencia de la economía nacional, que finalmente no se verificó.
Los bonos provinciales y un severo ajuste de 240 millones de pesos, que incluye al Poder Judicial, son los pilares con los que De la Sota comienza a transitar el tramo final de su gobierno. De tal modo, los auténticos rivales políticos de De la Sota no habitan Córdoba. Quien puede minar la base del poder político que trabajosamente ha acumulado el gobernador de Córdoba, es el gobierno nacional, fluida y más decisiva vertiente de los desajustes fiscales que han hecho que el gobierno de Córdoba deba torcer su rumbo ante el cambio drástico de las expectativas.
Es probable que pueda decirse que De la Sota y su equipo no han sabido prever este presente crítico. Que este ajuste es simétrico, y compensatorio, de los tiempos felices en que todas las noticias eran agradables. Pero, en materia de pulcritud fiscal, ¿quién está en condiciones de arrojar la primera piedra? ¿quién previó hace dos años este derrumbe tremendo de un país potencialmente rico, al menos en posibilidades productivas? Si la potente Córdoba pecó -y quizá pecó más-fue por haber sido sorprendida no en la quietud de gestión sino en pleno intento de expansión. Y expandirse no es el pecado sino la obligación del que gobierna.




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