Qué efectos tiene el pedido del FMI y el BM para que se suspenda el cobro de las deudas de países pobres

Economía

Los organismos multilaterales vienen anunciando medidas de financiamiento para paliar la crisis generada por el COVID-19. En la última semana ambos solicitaron un período de gracia para las deudas de los países más pobres de África, Asia, Europa Oriental y América Latina.

El Fondo Monetario Internacional y el Banco Central han comenzado, desde hace algunas semanas, a sentar su posición sobre cómo se debe paliar la crisis económica que se desencadenó por el coronavirus. Tras realizar una serie de anuncios en materia de financiamiento para que las naciones puedan afrontar la situación, ambas entidades firmaron un documento en el que solicitaron a los acreedores bilaterales de países pobres que tengan un comportamiento contemplativo con sus deudores.

“El estallido de la pandemia del coronavirus probablemente tendrá consecuencias socioeconómicas graves para los países de la Asociación Internacional de Fomento (AIF), que albergan una cuarta parte de la población mundial y dos tercios de la población mundial que vive en la indigencia”, destaca el comunicado conjunto. La AIF es una entidad del Banco Mundial que brinda financiamiento a los países más pobres y a pequeñas naciones insulares con escaso desarrollo. Sin embargo, entre los prestatarios actuales no hay ningún estado sudamericano.

En otro párrafo, el documento agrega: “El Grupo Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional llaman a todos los acreedores bilaterales oficiales a suspender los pagos de la deuda de los países de la AIF que soliciten período de gracia”.

Ámbito consultó al economista argentino Héctor Torres, quien fue director ejecutivo del FMI, para conocer su lectura sobre la iniciativa de los organismos multilaterales. “Me parece un paso en la dirección correcta, pero la iniciativa es muy limitada”, indicó. Y explicó: “Por una parte, sólo beneficia a los países con un ingreso per cápita menor a $1,175. En segundo lugar, se trata sólo de postergar los pagos de la deuda pública contraída con el Club de París y otros acreedores bilaterales (notablemente China). Los países en desarrollo, además de postergar esos pagos, necesitan asistencia urgente y masiva para enfrentar una pandemia que, además de numerosos muertos, puede generar más pobreza, más inestabilidad política y más presiones migratorias”.

Torres recordó que durante la crisis financiera iniciada en los Estados Unidos en el 2008 hubo una condonación de deuda similar, aunque diferenció ambos momentos históricos: “Esta vez las necesidades son mucho mayores y más urgentes. Aquella crisis financiera nos encontró con precios altos de commodities y con China creciendo a tasas altísimas. Ahora hay una brutal recesión internacional, una fragmentación de las cadenas de valor y los precios de los productos básicos están muy castigados”.

En esa misma línea de pensamiento, Torres agregó: “El mundo en el 2008 era muy diferente. No había una guerra comercial y las instituciones internacionales sobre las que se edificó el mundo de la postguerra funcionaban. Hoy, cada uno atiende su juego y la cooperación internacional está siendo progresivamente reemplazada por la doctrina del America First. Muchos países limitan exportaciones tanto de productos esenciales para luchar contra la pandemia, como de alimentos”.

Respecto de lo que se viene, Torres pronosticó: “Esta es una guerra de la que vamos a salir con la infraestructura física intacta, pero con las instituciones internacionales seriamente dañadas. Lo que más nos va a costar reparar es la confianza en la interdependencia económica”.

Sin embargo, consideró que el pedido de los organismos puede surtir efecto en los acreedores: “El Club de París y otros acreedores bilaterales que no están en el Club (China, por ejemplo) seguramente van a aceptar postergar los pagos de los países más pobres del planeta”.

Paquete de ayuda

Tanto el Banco Central como el FMI vienen dando una serie de pasos para mitigar los efectos económicos de la pandemia. El Grupo Banco Mundial anunció un paquete de u$s14 mil millones para “para ayudar a sostener las economías y proteger el empleo”, según las propias palabras de la entidad. De ese paquete total hay unos u$s8.000 millones que la Corporación Financiera Internacional (miembro del Banco Mundial) destinará a ayudar a las empresas privadas afectadas por el Coronavirus.

Por su parte, el FMI, semanas atrás, afirmó que está dispuesto a proporcionar líneas de crédito por hasta u$s50.000 millones para colaborar con "empresas emergentes" y para una respuesta inicial de los países en desarrollo. Este tipo de préstamos se enmarcan en la Línea de Crédito Rápido y del Instrumento de Financiación Rápida. Bajo estas modalidades, las naciones más vulnerables podrían hacerse de hasta unos 10 mil millones de dólares en financiamiento.

Además, el FMI y el Banco Mundial han exhortando a los países del G20 a que tomen acciones para darle pelea al COVID-19. De hecho, la directora del Fondo, Kristalina Georgieva, solicitó el apoyo de los países que integran ese grupo para: “Duplicar nuestro financiamiento de emergencia, reforzar la liquidez mundial con una importante asignación de DEG, ampliar el uso de servicios tipo swap, respaldar las medidas de acreedores bilaterales oficiales para aliviar la carga de la deuda de los países más pobres”.

Respecto de las reacciones que vienen teniendo los organismos multilaterales de crédito, el economista e investigador de la Universidad Nacional de Avellaneda Sergio Chouza indicó: "Son respuestas espasmódicas e insuficientes. Me parece que avanzar en un abordaje más extensivo debería exigir pensar cómo coordinar medidas entre todos los países para socializar equitativamente los costos de la pandemia”.

Chouza añadió que “el impacto sobre los países endeudados ante este tipo de shocks viene siendo mucho más traumático que en el resto”.

En cuanto a las problemáticas que se avecinan de no haber cambios de rumbo, Héctor Torres advirtió: “El nacionalismo aislacionista, el rechazo a la interdependencia económica y el temor a los inmigrantes, tiene mucho que ver con la creciente distribución inequitativa de la riqueza y del ingreso. La pobreza estructural es mala, pero el empobrecimiento de la clase media es explosivo”.

El caso argentino

Si bien Argentina no se encuentra alcanzada por el pedido reciente del FMI y el Banco Mundial, ya que no integra el listado de países que reciben préstamos del AIF, en los últimos tiempos también ha recibido guiños por parte del Fondo en el marco de la negociación de la deuda con acreedores privados.

El organismo multilateral de crédito ha consignado, en dos documentos diferentes, que los pasivos que tiene nuestro país son insostenibles, lo que fue leído por las autoridades económicas locales como un apoyo a la reestructuración de la deuda que viene encarando Martín Guzmán.

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