Devaluar el peso junto con la implementación de un programa fiscal que elimine el déficit, dejar de emitir y terminar con la indexación es la receta que recomienda Ricardo Arriazu para que la economía salga adelante.
La receta de Arriazu para salir de la crisis económica
El economista recomienda devaluar el peso junto con la implementación de un programa fiscal que elimine el déficit, dejar de emitir y terminar con la indexación para que la economía argentina salga adelante.
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Desde una perspectiva de largo plazo, la experiencia argentina arroja “100 años de decadencia” cuando se la compara contra el resto del mundo, comenzó señalando el economista en una presentación realizada en el marco de la ExpoEfi. Hacia fines del siglo I9 el PBI per cápita de los argentinos era más de 3 veces el promedio del PBI per cápita mundial, en tanto que hoy el ingreso por habitante de Argentina es casi semejante a la media mundial.
Sostuvo que los vencimientos de la deuda en moneda extranjera del primer trimestre son “imposibles” de cumplir. Sólo en diciembre se debe hacer frente a casi 2.500 millones de dólares y en enero se suman otros 1.800 millones.
Arriazu afirmó que lo normal en todo el mundo es que se renuevan las deudas, “menos para nosotros porque somos estafadores”, en referencia a los reiterados defaults en que cayó el país. Por esta razón, explicó, “el único que nos presta es el Fondo Monetario Internacional, pero a cambio nos pide un programa”.
Al plantear los escenarios posibles consideró que puede haber o no un entendimiento con el FMI. Pero advirtió que, si no hubiera un entendimiento, “nos acercaríamos a Venezuela con una mayor inflación (este país acaba de sacarle 13 ceros a su moneda) y mayores controles”.
Los requerimientos del FMI, anticipó, van a incluir un ajuste fiscal, subir las tarifas y flotación del tipo de cambio, entre otros. A su juicio, los esquemas de devaluación graduales por encima de la inflación no funcionan, porque los formadores de precios se adelantan, de donde su recomendación es devaluar junto con la implementación de un programa fiscal que elimine el déficit, dejar de emitir y terminar con la indexación.
Consideró que es posible un ajuste fiscal, pero el problema es el reparto entre ganadores y perdedores. El economista
sostuvo que en la medida que el país tiene superávit en la cuenta corriente, no es necesario bajar el nivel de vida de la población, pero planteó que es necesario aumentar la inversión privada y reducir el gasto público.
Precisamente, con relación a los problemas de asignación del gasto se preguntó qué sentido aumentar los subsidios económicos para, por ejemplo, abaratar la luz a gente que puede pagar tarifas mayores. Los subsidios económicos representan más de 3 puntos del PBI, cuando el gasto en infraestructura es de sólo 1 punto.
Dijo que el consumidor pagar 1,5 dólares por el m3 de gas cuando al productor se le aseguran 3,5 dólares, el gas que se importa de Bolivia cuesta entre 6 y 14 dólares y el licuado que se importa 20 dólares.
Entre las dificultades que enfrenta la Argentina señalo a “la política y las aspiraciones sectoriales¨. Asimismo, la “calesita” de los precios relativos y finalmente la falta de confianza y los factores exógenos (alguno de ellos es: incertidumbre por el efecto de la Niña, la eventual suba de la tasa de interés de Estados Unidos y las nuevas cepas del COVID).
En el terreno de las soluciones, consideró que es necesario hacer un programa con un diagnóstico correcto y luego encontrar un estadista que lo comprenda y convenza a la sociedad que es necesario aplicarlo.
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