12 de julio 2001 - 00:00

Cupones Bursátiles Históricos

Fecha: 18/08/1998

Parece que en el «jueves negro» que vivieron los rusos, donde se debieron nuevamente suspender las operaciones y el mercado se «comía» 15% de los precios anteriores en apenas unos minutos de rueda tuvo que ver el conocido George Soros. O, al menos, se lo indicaba como uno de los agravantes de la tendencia, al dispersar públicamente -solicitar al gobierno ruso- que acepte la devaluación de su moneda y adopte un sistema de paridad fija y plenamente convertible, como se aplica en la Argentina y Hong Kong. En carta que se publicara en «The Financial Times», Soros menciona que el tipo de cambio debería estar entre 15% y 25% más bajo, para reflejar la caída del petróleo. El vicepresidente del Banco Central ruso desechó la idea, asegurando que «una devaluación no solucionaría ni uno de los problemas que afronta el gobierno ruso». Pero, entre pedido y réplica, los mercados quedaron atrapados. Se dice que Soros tiene 2.500 millones de dólares colocados en Rusia (en realidad, serán de sus Fondos, no de él) y hasta ha hecho donaciones por unos u$s 250 millones (suponemos que de su bolsillo) y con tal chapa por delante -la de resultar el mayor inversor occidental- les ha lanzado a los rusos un pedido directo. Pero si la misión era ayudar, parece que lo que correspondía era poder informarlo, o sugerirlo, directamente a los funcionarios («por línea privada») en lugar de hacerlo desde las páginas de un diario que tampoco es ruso. Siempre tales acciones dejan que pensar, es difícil suponer que se han deslizado por error, y quizá cabe la posibilidad de una estrategia ensayada, para que los mercados del mundo recibieran la novedad como un picante adicional y generaran lo que generaron. Algo así como cuando en una plaza herida surgen algunas ventas, de no demasiada cantidad, ayudando a la tendencia a hundirse más, para después barrer en los pisos y llevarse cantidades a precios mucho más bajos (actitud que se ha venido viendo en nuestro recinto, en los peores momentos).

Los países están expuestos a muchos más riesgos que antes, no caben dudas: se los puede ahora sabotear desde la palabra y la comunicación instantánea. Desde el cómodo sillón de un inversor de envergadura, que le dice a un gobierno qué es lo que debe hacer para la política de su pueblo. El detalle de la carta a un diario, en medio del huracán, hablando de devaluación es -de mínima- de mal gusto y conlleva intereses detrás, sin importar de la gente.

Dejá tu comentario

Te puede interesar