A la vista de la crisis japonesa, muchos están revisando conceptos que se vertían hasta no hace muchos años y cuando los asiáticos eran el gran ejemplo a seguir por el reto de los países que quisieran prosperar. En verdad, muchas de las medidas de ajuste que se incorporaron a los emergentes como recetas y vendidas bajo la etiqueta de hacer «como hacen ellos», hoy parecen frasquitos con la fecha vencida: directamente desaconsejables, ahora muy criticables, un mar de defectos, y a los que habría que arrojar al cesto de los remedios vencidos. ¿Dónde quedaron las grandes ponderaciones a la capacidad de ahorro japonesa, en función de la desaforada forma de gastar de otras comunidades? Hay un trabajo donde dos analistas se preguntan esto, en virtud de esa tasa de ahorro que era de 13% en Japón, de solamente 4% en los Estados Unidos, y el distinto presente que viven ambos países ahora, a una década de distancia.
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Y, entonces, marcando un claro sesgo americano en las conclusiones, le encuentran la vuelta velozmente, diciendo algo así como: «No, lo que sucede es que Japón es un claro ejemplo de ahorro despilfarrado en tareas inútiles. Mientras que la baja tasa de los Estados Unidos estuvo muy repartida en emprendimientos eficientes». Es para fruncir el ceño, porque este dar vuelta las tortillas cuando la situación se quema de un lado, se parece mucho a las argumentaciones que da el ama de casa cuando pondera aquello que se ha quemado o enaltece el lado que quedó blanco. Y hay otras conclusiones, donde se llega al paroxismo de entrar decididamente al elogio de: «Un país que no ahorra lo suficiente por sí mismo puede subsistir de los ahorros de otros países durante mucho tiempo...»
La alusión es clara a los Estados Unidos, pero no parece que pueda ser una regla universal: esto lo puede hacer quien, por muchos motivos, sin descartar el poderío bélico y el manejo de la moneda internacional, es el coloso y el «patrón» del mundo actual. Vivir del apalancamiento durante mucho tiempo siempre ha sido considerado un caminar en la cornisa. Tener una tasa de ahorro interna alta, siempre se consideraba una gran virtud y motora del crecimiento sólido. Hoy, porque Japón pasa por los momentos que atraviesa, hasta reglas tan sensatas para mantener como máximas caen bajo las piquetas de quienes pretenden acomodar los modelos a los hechos, una vez que éstos han sucedido. Porque esas consideraciones hubieran sido válidas con un Japón poderoso, no ahora en medio del desastre. El truco consiste en: vender siempre la nueva receta, tirar la anterior. (Y esto también se utiliza mucho en los mercados, ¿no?)
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