En medio de la enésima presentación de Cavallo por televisión, al punto que debería hacer un programa fijo los viernes a eso de las 19 y con el título tentativo de «Viernes de Mingo», casi nos caímos de la silla: ¡oímos mencionar a la Bolsa! Después, oímos que hablaba de empresas no cotizantes que si iban al mercado de oferta pública tendrían gravamen diferenciado... El ensueño duró poco, lo necesario para caer en la cuenta que resultaba una invocación puramente recaudatoria, para nada bursátil. El hecho histórico de poder oír a un ministro de Economía diciendo que debíamos robustecer al mercado accionario, que al país le es necesario un mercado fuerte y que intente retener el ahorro interno en actividad productiva, se iba por la rejilla de siempre: el Estado desesperado en busca de rapiñar algo más de alguna parte. La utilización de la Bolsa, nada más que para que las transacciones de empresas cerradas que se hacen sin pagar impuesto -al vender sus paquetes-, tentada para ir a pasar por el recinto y no pagar un canon similar. Nada más que eso, como para que algunas se lleguen a listar, no muevan nunca acción, después tomen sus valijas y se vayan de nuevo. O cosa por el estilo. A Cavallo, como a nadie antes, le importa un cuerno poseer esa fuente de financiamiento sin costo casi para las empresas nacionales. Ni tener un mercado amplio de listadas, las mejor controladas del país. Ni le interesa que el inversor local envíe algún dinero a ese tipo de inversión, en lugar de hacer siempre lo mismo, de hacer plata sobre plata, en mera colocación financiera que no moviliza nada. Era una buena ocasión para dar ese campanazo, diferenciar de una vez por todas la abierta de la cerrada, privilegiando a la que asume las evidentes diferencias de estar expuesta en una vidriera, sobre la que se esconde detrás del mostrador para que no la puedan ver fácil. Lo único que podría romper el círculo maligno de la deserción empresaria del mercado de riesgo, establecer distinto tratamiento para unas y otras, se diluyó nada más que en la búsqueda de cobrarles impuestos a las ventas de los paquetes. La diferencia entre una mira muy corta y otra larga. Lo que sigue atando a todos los funcionarios, que buscan nada más que en el corto plazo y subiendo -por caso-un impuesto al cheque al que ya lo exprimen como a un limón: hasta que los atribulados ciudadanos terminen por buscar el modo de eludirlo. Así empezó el IVA, así muchos otros que parecieron vetas interminables y los secaron, secando al contribuyente. En tanto Cavallo seguía con el «fascículo» de los viernes -entregando un plan en cuotas-, nos volvíamos a sentar en la silla, después una ilusión de sólo minutos...
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