5 de junio 2001 - 00:00

Cupones Bursátiles

Cuando los chicos estudiantes pregunten a sus profesores por un ejemplo práctico de «vaciamiento» de empresas, es seguro que el caso Aerolíneas deberá estar como material didáctico clásico. Lo extraño es por qué, ante tales evidencias de las malas acciones llevadas adelante, no se ha emplazado una acción formal contra el Estado español: incluso, presentando las pruebas ante un juez de España. Lo lamentable fue oír apreciaciones de quienes deben considerarse como víctimas y estafados, funcionarios del país, pretendiendo que es un tema de carácter privado entre la empresa y los gremios. Otros, enfocando el asunto por el lado de una «mala privatización», cuando el tema no pasa por ahí, sino por la voluntad de vaciamiento que mostraron los nuevos dueños. Que, en tal sentido, todas las privatizaciones fueron malas -como concepto-a tal punto de habernos quedado sin los mejores activos y con una deuda impagable. Parecía el punto justo para una bisagra en esta historia de la globalización. Una reacción de defensa fuerte de los intereses nacionales, aunque esto lleve a enfrentarnos con quienes no se comportaron bien. Todo lo contrario, la imagen de indefensión se hizo mucho más grande de lo sospechado antes y puesta sobre el tapete con este caso práctico de Iberia.

Aunque la figura del «vaciamiento» se ve que no está muy considerada en nuestra legislación, o en nuestros jueces, habida cuenta de que tal figura apareció muchas veces en empresas cotizantes y nunca se arribó a nada en los fallos. Una de las prácticas es armar empresas proveedoras satélite de la principal, que en el fondo son de los mismos accionistas, y desde allí ir succionando -con costos exorbitantes-a la principal. No tan grosero y a la vista como hicieron los españoles de Iberia, más sigiloso; pero la instrumentación para vaciar empresas tiene bastantes ejemplos a lo largo de la historia y dentro del mismo ambiente bursátil.

Valores libros que se derretían a un par de trimestres de anunciar un derecho de receso, aportes irrevocables que colocaban dinero a «tasa inflación» en el más maravilloso negociado de aquellas épocas, distintas formas de llegar al mismo fin: dejar sólo el pellejo de una compañía, aquello que sirve de poco. Y, después, no importa más. El cierre, la liquidación, lo que sea. Pero, esto de Aerolíneas es un caso madre: es un Estado aprovechándose de otro, de sus ciudadanos, y que ni siquiera así promueve que el perjudicado se defienda como corresponde. ¿Qué queda después de esto? Que venga cualquiera a hacer la suya y a conciencia de que no tendrá oposición.

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